Por - 04 de enero de 2016

El belga Lucas Belvaux dirigió en 2002 una trilogía de filmes con los mismos personajes pero distinto género (thriller, comedia y melodrama) que acabó dando lugar a uno de esos experimentos narrativos muy vistosos pero poco vistos. En No es mi tipo sigue demostrando lo bien que conjuga una misma historia usando distintos registros tonales: comedia romántica de sabor ciertamente amargo o romance dramático de discurrir alegre y ligero. Sirve tanto de película para una primera cita como para romper con tu pareja al salir del cine.

La historia es sencilla, como todas las que duelen: Clément, un joven profesor de filosofía con look de James Franco, arrogancia innata de parisino y una visión líquida del amor, llega al pueblo de Arrás, donde conoce a Jennifer, una peluquera rebosante de espontaneidad, una sonrisa tan cautivadora como la media luna e ideas de amor romántico insufladas por las canciones que clava cada fin de semana en el karaoke local con sus amigas. La atracción es mutua; sus perspectivas ante el disfrute de la vida y la posibilidad de compartirlo, chocan de inmediato. Pero Belvaux no lleva el relato por meandros tremendistas, sino que lo somete al cotidiano paso del tiempo, con sus rincones de fisuras pero también espacios para armonía, felicidad e inevitables acercamientos: la pareja como intoxicación del otro. En ese fluir, resplandece una Émilie Dequenne (Rosetta) llena de matices de fragilidad y determinada a, una vez más, tomar las riendas de su vida.

Comedia romántica de primera cita, drama para una ruptura.