Miriam miente

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Por - 05 de noviembre de 2018

El cine dominicano, ese desconocido, centrándose en la adolescencia, otra que tal baila. Y, para añadir más picante a los frijoles, con el racismo como telón de fondo, además con un tratamiento tan sutil como demoledor. Todo ello, con una raspa argumental de lo más frívola: una muchacha mentalizándose para su fiesta de ‘quinceañera’ con muchos aires y humos, cuyos preparativos parecen filmados por un pariente caribeño de Berlanga, mientras oculta una tímida y clandestina relación socialmente prohibida. Con un desparpajo y una naturalidad desarmantes (y, a veces, agotadores) los directores dan en varias dianas, aupados por una capacidad de observación y escucha envidiables y, sobre todo, por el gran trabajo de Dulce Rodríguez. Un filme que no debería pasar desapercibido.

Dramedia valiente, ácida y con una perla engarzada.