Por - 11 de julio de 2014

A los dos minutos uno ya se está preguntando qué diablos hace viendo esta película. Pero piensa: igual no va en serio. Error, va en serio. Estamos ante un ablandador de cerebros de chiquillos desprevenidos. Me pregunto quién puede emocionarse viéndola. Si ya el Amor sin fin de Zeffirelli era un delirio absoluto, este remake sin ton ni son alcanza cotas absolutamente insólitas. Cada plano es peor que el anterior y ni con sentido del humor es más llevadero el trance.

 

 

Remake delirante de Amor sin fin, de Franco Zeffirelli.