ma ma

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Por - 10 de julio de 2015

Que no es lo mismo ser una gran actriz que una estrella se da por sabido. Pero que en ocasiones hay estrellas que son grandes actrices es algo que no siempre se tiene tan presente. Podría parecer que Penélope Cruz, más imagen que reflejo, dos años ausente de las pantallas desde El consejero, necesitaba recordarle al mundo que desprende tanta luz como verdad. Quizá también a sí misma. Se conoce bien y sabe que la realidad le favorece, que su mejor registro está más cerca de Alcobendas que de Hollywood. Sobre el papel su Magda en ma ma, una heroína trágica en la España crítica, víctima de recortes, machismos y enfermedades, sería la oportunidad perfecta para dar salida a esa mujer hermosa, fuerte y corajuda, que fue para Almodóvar en Volver o Todo sobre mi madre.

En el guión de Julio Medem la encontró, porque la determinación que muestra al interpretarla en ma ma ni la mejor actriz del mundo podría fingirla. Sus dudas humanizan, su drama toca y su mirada alcanza. Entonces, ¿cuál es el problema? El mismo que hundía otra película en la que Cruz vio más de lo que había, Volver a nacer, y obvió su inconsistencia. Ni siquiera una magnífica interpretación como la suya puede sostener un material forzadísimo, tan excesivo y autoindulgente como lo que viene ofreciendo el director vasco en sus últimas películas. Cayendo en ocasiones en la autoparodia inconsciente –ay, esos diálogos, esa simbología, ese ginecólogo cantarín…–, ya ni siquiera su puesta en escena, antes tan personal y sugestiva, puede salvarle.

Penélope Cruz baja a la tierra; Julio Medem sigue en las nubes.