Los intrusos

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Por - 01 de octubre de 2016

Ironías de la distribución: en septiembre de 2014, cuando Los intrusos se estrenó en Reino Unido, el referéndum sobre la independencia de Escocia estaba al caer. Y vaya que si se nota eso en el planteamiento del filme, con su pareja londinense y pija (él, para colmo, es del Arsenal) enfrentada a un comité de bienvenida modelo Perros de paja tras mudarse a las tierras altas. Ahora, en cambio, es el Brexit lo que colea, algo que añade un perverso matiz de “donde las dan, las toman” al visionado de esta película en el continente.

Aparte de ese recochineo, Los intrusos tiene poco que ofrecer: más allá de un comienzo donde la parquedad de medios se nota para bien, por la concisión, el filme queda muy por debajo tanto de su referente más inmediato, Eden Lake (una cinta igual de british que ella, e igual de cuestionable en sus planteamientos, pero que sí consigue dar miedo y asco), como de los clásicos recientes del terror con allanamiento, ya se titulen estos Intrusos, Tú eres el siguiente o, de este mismo año, No respires. A los sustos les falta pulso, a los personajes les falta sustancia (si no hay empatía, es difícil que el espectador lo pase mal) y, al final, uno acaba recordando cierta agudeza de Samuel Johnson. Cabe suponer, decía el filólogo, que Dios creó Escocia por algún motivo. Claro que, proseguía, lo mismo puede decirse del infierno. O de esta película, ya que estamos.

Terror del montón convertido en chiste gracias al Brexit.