Lo que hacemos en las sombras

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Por - 17 de junio de 2015

Titular Lo que hacemos en las sombras a una película que es en realidad un falso documental ya tiene bastante gracia. Si Jemaine Clement y Taika Waititi contaban con una legión de entregados seguidores gracias a la disparatada Flight of the Conchords (la serie se llamó en España Los Conchords), este divertidísimo filme los va a confirmar como los reyes neozelandeses del absurdo.

Recurriendo a la imprevisible forma de rodar de El proyecto de la bruja de Blair –en la que la cámara perseguía a unos chavales asustados en medio del bosque–, en Lo que hacemos en las sombras son los del otro lado, los monstruos, los protagonistas del impensable reality. Las ingeniosas anécdotas que surgen de la convivencia de unos amigos vampiros que comparten piso en el siglo XXI, con manga ancha para la improvisación y las situaciones más delirantes, se suceden sin dar tregua. Estos draculines –uno macarra; el otro, un depravado; el tercero, un estiloso new romantic– se inspiran en filmes de chupasangres por todos conocidos: el clásico de Francis Ford Coppola, Entrevista con el vampiro, la saga Crepúsculo

Lo que logran Clement y Waititi con este ocurrente filme –Premio del Público en Sitges– es hincarle el diente al bromance vampiril, al retratar la camaradería entre colegas, con algunas secuencias siniestras y retorcidas, pero sin perder nunca el sentido del humor. ¿Qué hacen estos peculiares personajes de puertas adentro? El resultado es una de las mejores comedias del año.

Tiene todos los ingredientes para convertirse en peli de culto.