Lo que de verdad importa

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Por - 13 de enero de 2017

¿Te acuerdas de Maktub? ¿Aquella de 2011 con Jorge García (Perdidos) haciendo de pizzero místico, en la que también aparecía Aitana Sánchez-Gijón? Seguramente, no. Y, si hay suerte, el recuerdo del segundo largometraje de Paco Arango se habrá desvanecido de igual manera dentro de poco. El creador de las series ¡Ala… Dina! y El inquilino repite aquí las mismas lacras mostradas por su debut largo: premisa sin interés alguno, espiritualidad irreflexiva, puesta en escena por debajo del muy deficiente y, para colmo, la presencia de una joven con cáncer (en su filme anterior, la neoplasia aquejaba a un niño) para suministrarnos un presunto golpe bajo emocional que nos haga caer en la trampa. Tanto si Arango se cree su sermón como si no lo hace, tiene un problema muy serio. Y el espectador, también.

Las verdades del espíritu están en alguna parte. Pero no aquí.