Las invisibles

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Por - 24 de marzo de 2019

Lejos del aluvión de comedias amables que invariablemente se promocionan por estos lares como “el fenómeno taquillero del año, bla, bla”, el cine francés sigue, afortunadamente, cultivando su musculatura social, sensibilizándose compasivamente con marginados. Un afán que practica Louis-Julien Petit en su breve y poco conocida filmografía y que aquí cristaliza en una fábula agridulce e incluso tragicómica alrededor de un puñado de mujeres a la deriva que, en su último aliento de dignidad, organizan un espacio cívico para intentar pescar al vuelo su última oportunidad laboral y personal. No hay trampa ni cartón en el panorama que presenta Las invisibles, a pesar de ciertas lonchas ken-loachianas: de hecho, su principal valor es el tono semidocumental y la fiel observación del coro de desheredadas, con una autenticidad desarmante e incluso sonrojante para Hollywood, obligado a disfrazar a Richard Gere de mendigo en similares circunstancias.

De hecho, nos creemos hasta las sobrecargas dramáticas de la banda sonora, los arquetipos burocráticos y que algunas olvidadas firmen como Brigitte Bardot o Lady Di en los formularios. Tampoco hay lugar para la sorpresa o el virtuosismo: estamos ante una mezcla entre cine de denuncia a la europea y feel good movie (chirriante palabro) a la americana, aunque es difícil sentirse ‘bien’ ante la realidad expuesta. Peor sería condenarla a la invisibilidad.

Sincero y efectivo canto a la esperanza más allá de la miseria.