La venganza de una mujer

9

Por - 20 de mayo de 2016

El deslumbramiento ocurre pocas veces, pero, cuando pasa, aporta la gasolina necesaria para recuperar un poco la fe en el cine como máxima expresión artística. Gracias a su quinto largometraje, la cineasta portuguesa Rita Azevedo Gomes debuta en las pantallas españolas con la fuerza de un géiser de color, música, luz y emociones desbordadas. Su adaptación de un relato de Jules Barbey d’Aurevilly, refinada durante quince años de preparación, hace uso de todos los recursos que la puesta en escena y el lenguaje cinematográfico ponen a la disposición de narradores atentos y con valentía para evitar lo obvio.

El tiempo se repliega y enreda en la musicalidad de los diálogos de este melodrama decimonónico de pasiones secretas, rencores inclementes y heridas abiertas, estilizado hasta el límite de los sentidos. En cada secuencia, la directora practica saltos de narración con la cámara, el movimiento de los actores o cambios en la iluminación de unos decorados y vestuarios teatrales que, haciendo patente la tramoya, hacía mucho que no se sentían tan presentes como elemento inseparable de las angustias de los personajes. Gestos maestros equivalentes a los de Ophüls, Resnais, Oliveira o Raúl Ruiz, que Azevedo desovilla con intoxicadora gracia allá donde confluyen el quiebro en la voz con el brote de la primera lágrima: el matiz de la palabra con la fortaleza de la imagen.

Se alza la máscara que descubre a una cineasta imprescindible.