La próxima piel

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Por - 12 de octubre de 2016

“Deshielo”. Así se iba a llamar La próxima piel. Y así, también, empieza su historia, gélidos planos del hielo escarchado derritiéndose. Tratándose de una película de Isa Campo e Isaki Lacuesta, la imagen no es arbitraria. Estamos ante un thriller que comienza como un compacto bloque de incógnitas y, según va avanzando el metraje, se va deshaciendo de secretos resbaladizos. Es también una historia a bajas temperaturas, como fría es la estación de esquí del Pirineo catalán en la que transcurre su enigma. Emma Suárez trabaja en ella, limpiando de nieve los telesillas, condenada a un trabajo mecánico para olvidar su terrible cruz: que perdió a su marido y a su hijo en la montaña. Pero entonces, he aquí una premisa resultona donde las haya con un pie en un caso real, recibe la llamada de un centro de menores en Francia. Han encontrado a su hijo. O eso creen.

El cine de impostores está, desde ahora, en deuda con Àlex Monner. Adolescente radical, amnésico profesional y actor de mirada fiera y, a un tiempo, vulnerable, interpreta en La próxima piel al hijo perdido y recuperado. Él es Gabriel, pero también es Léo. Es el chico conflictivo que ha vagado huérfano por el mundo y además es el niño asustado que teme no recordarse a sí mismo, perfecto impostor que, a la manera de Bourne, no sabe si está mintiendo o realmente es quien todos dicen que es. Junto a él, Emma Suárez, quintaesencia de la maternidad, el amor incondicional –qué más dará el vínculo biológico, lo importante es querer querer– construye este thriller que apunta directo hacia la identidad.

Pespunteado con el naturalismo propio de Isaki Lacuesta y enfilado por el guión sin fisuras de Fran Araújo, La próxima piel es un especímen único de thriller intimista, un puzle perfecto hecho de hielo que sólo el calor de una madre es capaz de disolver.

Cine de autor al servicio del mejor thriller. La combinación Isa Campo, Isaki Lacuesta y Fran Araújo suma un nuevo hito en el cine de impostores.