La gran belleza

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Por - 05 de diciembre de 2013

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La gran belleza es desmesurada y a ratos autoindulgente, pero qué más dará si al mismo tiempo derrocha pasión por el cine y por Roma. Las sombras de sus monumentos más sorprendentes asoman por la pantalla para recordarnos la imposibilidad de capturar el desorden y la poesía de la vida con un solo objeto, el dolor que envejecer y morir acarrea. La película funciona como una serie de suntuosas viñetas, a veces cómicas a veces conmovedoras y siempre llenas de símbolos que se organizan de forma intuitiva y por tanto componen una estructura caótica, pero qué caos más hermoso. Qué eufórico ejemplo del placer que crear y contemplar imágenes puede proporcionar. Qué extraordinaria película.

 

VEREDICTO: Alguien dijo que los excesos nunca son buenos. Debería ver esta película.