Kingsman: Servicio Secreto

8

Por - 23 de febrero de 2015

La culpa fue de un tal Terence Young, director de Agente 007 contra el Dr. No, obstinado en su elección del zamarro Sean Connery como el Bond de la temporada. Obviando los aspavientos de Ian Fleming, Young se había emperrado en convertir al rústico galés en la quintaesencia del espionaje británico. ¿Cómo lo hizo? Le dijo al taxista que parase en Conduit Street y le presentó a un señor llamado Anthony Sinclair, su sastre. El traje que éste le hizo –corte ajustado, dos botones, cuatro bolsillos y tela a prueba de arrugas– no sólo resultó a la medida de Connery sino de la exclusiva elegancia que impregnaría a partir de entonces a cualquier caballero con carnet de espía… Relojes Omega, camisas Turnbull & Asser, zapatos John Lobb, gemelos Dupont. Pero bueno, ¿es que Fleming no había leído a Marx? No cabe duda de que John le Carré sí, pero no hace falta repasar El topo para comprender que el Circus, por muy grisáceo que fuese, olía a permufes caros. ¡Pero si hasta hay un sastre en el título inglés!

Basta ya, debieron de pensar Matthew Vaughn y Mark Millar mientras tramaban el cómic Kingsman: Servicio secreto y, más tarde, la película. Dinamitando las refinadas normas del género –y de paso, de Savile Row– decidieron introducir a un bastardo –estamos hablando del productor de Lock & Stock, no lo olvidemos– en el mundo de los lords y los sirs. Se marcaron, digámoslo así, un My Fair Lady con la historia de un macarra de barrio (Taron Egerton) reclutado por el servicio secreto más classy de Londres. A estos Kingsman, cuya tapadera era –cómo no– una sastrería, los bautizaron en honor a los caballeros de la mesa redonda, porque si los creadores de Kick-Ass –sí, aquí también hay buenas patadas– habían desafiado a la upper class de las novelas de espías, hubo un ingrediente del género al que no pudieron resistirse: el paraguas. Esto es, a lo british, a la intraducible britishness de la que en breve harán embajador a Colin Firth.

Y es que hacía mucho que una carrera no reunía tan bien las cualidades del Imperio Británico, atravesada toda su flema por el tartamudeo que va desde Mr. Darcy hasta el discurso de Jorge VI. Pero, quizás, lo más sorprendente del espía veterano que interpreta en Kingsman es lo en forma que está. Sirva de ejemplo la bizarra secuencia de la iglesia en la que se liquida a 79 parroquianos sin ensuciarse el traje. ¡Chúpate ésa, Liam Neeson! Pero basta ya de trapos, que Kingsman no es una película de tendencias –el outfit hip-hopero de Samuel L. Jackson lo demuestra–, sino de acción y nobleza –“manners maketh man”, dice Firth con ese acento calibrado por la BBC– como todas las buenas de espías. Escenas apabullantes, colección de gadgets ocurrentes, subtrama de formación a lo X-Men: Primera generación y artimañas de espías en plan Casino Royale justifican la vuelta de tuerca al género y se merecen una ovación por evitar que Kingsman acabe convertida en otra película de superhéroes. Una más, aunque por los secundarios (Michael Caine) y el villano (Samuel L. Jackson) a veces lo parezca. Por cierto, este último tiene un plan maquiavélico para acabar con la humanidad. ¿Ocupación? CEO de una empresa experta en tecnología. ¿Os imagináis?

La quintaesencia de lo 'british': Colin Firth reparte tortas a paraguazos.

‘Kingsman 3’ podría empezar a rodarse este año

'Tenemos que darle un final a la relación de Eggsy y Harry'. Matthew Vaughn, aunque inmerso en la precuela, ya está planeando la tercera parte de la saga.

‘Kingsman 3’ ya tiene fecha de estreno

Avisa a tu sastre y haz hueco en tu agenda: los espías mejor vestidos del mundo preparan su regreso en 2019, de nuevo con Matthew Vaughn como cerebro en la sombra.

Matthew Vaughn sobre futuros proyectos con DC: “Prefiero hacer franquicias en horas bajas”

El director de 'X-Men: Primera generación' y la saga de 'Kick-Ass' tiene varias ideas para 'salvar' el universo cinematográfico de DC.

‘Kingsman: El círculo de oro’: Los chistes sobre Trump que no vimos en la película

El presidente de EE UU iba a llevarse un par de collejas en las aventuras de Eggsy... hasta que Matthew Vaughn decidió no meterse en política