Heidi

6

Por - 19 de agosto de 2016

Son muchas las adaptaciones de Heidi, el clásico juvenil de Johanna Spyri que desde finales del siglo XIX tanto ha hecho por romantizar la exigente trashumancia alpina en la mente de infantes de varias generaciones, pero ninguna ha penetrado tanto en el imaginario colectivo como la serie animada de Isao Takahata anterior a Ghibli. A pesar de lo estilizado de sus paisajes y tierno de sus formas, incluso reflejó bien uno de los detalles que esta nueva versión fílmica, coproducción germano-suiza con vocación internacional, pretende enmendar de anteriores intentos: el cabello de Heidi, tan rizado y rebelde como ella, es negro, no rubio.

El propósito de verosimilitud y vuelta a las raíces textuales de esta Heidi podría emparentarse con la revisión hiperrealista de Hollywood sobre relatos de ayer, con Disney en cabeza a la repesca de cuentos de hadas. Pero la historia de la huérfana de los Alpes nunca ha llevado capa de fantasía –incluso la curación de Clara ha sido paulatinamente despojada de su faceta “milagrosa” confesional–, por lo que el supuesto salto de veracidad es apenas cuestión de texturas. Las escenas pastorales en la cabaña del Abuelo –portentosa presencia de Bruno Ganz– o con el rebaño de Pedro conservan la querencia por el aire libre de la montaña frente a las restrictivas normas de la Señorita Rottenmeier, que de ahí sale el poso: la libertad de la infancia. Eso nunca está de más revisarlo.

Heidi hace el cabra por la montaña para una nueva generación.