Francofonia

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Por - 30 de mayo de 2016

Dado que los efectos corruptores del poder y la intersección entre arte, historia y política son los dos temas esenciales de la obra de Aleksandr Sokurov, es lógico que también estén en la base de su nueva película por mucho que, al mismo tiempo, se trate de una obra incatalogable. Francofonia se sitúa en un punto indeterminado entre el documental, el ensayo y el videoarte, y desde allí mezcla una variedad de formas audiovisuales como material de archivo –tanto real como inventado–, fotografías, pinturas, panorámicas a vista de pájaro de la París actual, algo de animación y hasta al propio Sokurov conversando por Skype con el capitán de un barco que transporta valiosas obras de arte.
Todo eso, durante apenas hora y media de metraje y, esencialmente, con el fin de hablar de la naturaleza de los museos. Partiendo de la amenaza que el Louvre sufrió durante la ocupación nazi de Francia, el ruso se pregunta cómo afectan esos lugares a nuestra comprensión del devenir humano, de qué manera fomentan la recolección y el mantenimiento de la cultura, cómo se relacionan con los mecanismos del poder y, en última instancia, qué haríamos sin ellos a pesar de que, si su precio son vidas humanas, el arte quizá no sea tan necesario. Explicado así, quizá suene a ladrillo, pero la pasión con la que Sokurov comunica ese torrente de ideas hace de Francofonia algo genuinamente fascinante, sugerente y muy hermoso.

Un derroche de riqueza y hondura filosóficas, y un festín para la vista.