Familia sumergida

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Por - 26 de abril de 2019

“Cambiante y misterioso”, responden a Marcela (Mercedes Morán) cuando esta, en un momento de Familia sumergida, se levanta aturdida de una larga siesta y pregunta cómo está todo.
La argentina María Alche rueda una ópera prima sin duda misteriosa, en la que caminan casi tantos fantasmas como seres vivos. La historia de Marcela, una madre de familia que vuelve a la rutina tras la muerte de su hermana, es en principio un drama doméstico, pero también una obra onírica, repleta de visiones. Familia sumergida ahonda desde su misticismo en la doble identidad del duelo, dibujando a una mujer que combina el aceptar el adiós de un ser querido con disfrutar de tímidos momentos de alegría. El trabajo de Hélène Louvart (Lazzaro feliz, Maya) como directora de fotografía aprovecha cada rayo de luz, reforzando la quimera y reinventando una y otra vez cada habitación del apartamento, en el que transcurre la acción.

La sensación de claustrofobia es constante. Planos cerrados con acciones entre numerosos personajes, música atronadora y diálogos a medias que, sumados a la feminidad y absorción de su protagonista recuerdan a la angustia permanente que transmite el cine de Lynch o Cassavetes. Al no evolucionar, aquellos que no hayan entrado al comienzo pueden encontrar Familia sumergida algo cargante. Misteriosa, pero sin cambios.

Una mujer argentina a ratos bajo la influencia del sopor.