Por - 23 de mayo de 2019

Los límites del amor, de los cuerpos, y la autoridad que impone cuál es la distancia normal en los temas del tacto hilvanan la nueva película de Isabel Coixet, basada en la historia de estas dos gallegas que, en 1901, lograron casarse por la iglesia, y primera producción de la cineasta para Netflix, compañía que, como cuenta Coixet, fue la única que decidió apoyar este filme de presupuesto modesto y gran alcance temático. Esas limitaciones presupuestarias, cabe decir, se notan en la factura del trabajo, pero Coixet sabe sacarles partido proponiendo, en vez de un fresco de ecos reivindicativos, una mirada a la intimidad de las enamoradas, desde la candidez de los primeros gestos a la desesperación cuando se sienten acorraladas por ser quienes son. Y en los detalles, pues, Coixet indaga en el verdadero significado del mundo en el que se movían y lo complicado que era entonces lograr tocar el cuerpo de la amada: el límite lo dictaban el padre, la iglesia, la escuela, los vecinos y hasta la ropa, con esos corsés absurdos que ceñían cinturas y frenaban la libido. Así, Elisa y Marcela gana cuando expone la ternura y belleza de los sentimientos, clandestinos, de las chicas, un aspecto que a Coixet nunca se le ha dado mal narrar, y se diluye cuando llega el consecuente discurrir de los sucesos en los que se basa la película, donde, paradójicamente,lo melodramático pierde intensidad. Sin hacer bandera.

Un ‘girl meets girl’ por Coixet, pero en 1901 y con todo en contra.