El rey de La Habana

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Por - 04 de septiembre de 2015

Hace pocos meses se estrenaba Regreso a Ítaca, la más elocuente película anticastrista que he visto. Cantet filma a unos amigos en el terrado de su casa en La Habana y desmenuza su desencuentro para hablarnos de política, desarraigo y exilio. Agustí Villaronga también filma La Habana, también nos habla de sus gentes y sus miedos pero él prescinde de la tesis, de la palabra y del discurso y ataca la miseria de cuajo, viaja a lo más bajo, a la podredumbre del sistema, al lodo, el ladrillo que se cae con solo apoyarse. Y logra una película extrañísima, pura negatividad escéptica sobre la sociedad que retrata con ahínco de cronista, sobre los personajes más destrozados que uno pueda imaginarse. Nos habla de sexo, de robo, de engaño, de la más descarnada lucha por la supervivencia proyectados en el joven protagonista, ese Rey cuyo cetro es su sexo y cuyo reinado es seguir con vida. Cuesta entrar en ella, en su abrupta narrativa, su buscada fealdad y sus deficientes interpretaciones. Todo es exagerado, todo crispación, símbolo y sinceridad. Coherente además al mil por mil con el cine de Villaronga, el protagonista se emparenta con el de Tras el cristal y El mar. Luchadores alucinados que nada poseen más que su propio embrujo, la incomodidad de pertenecer a un mundo que les importa un pepino. Ahora que Cuba inicia una nueva etapa en su convulsa historia surgen miradas interesantes que dan cuenta de cuántos desastres ha auspiciado su régimen de más de medio siglo. Valen la pena.­

Hace pocos meses se estrenaba Regreso a Ítaca, la más elocuente película anticastrista que he visto. Cantet filma a unos amigos en el terrado de su casa en La Habana y desmenuza su desencuentro para hablarnos de política, desarraigo y exilio. Agustí Villaronga también filma La Habana, también nos habla de sus gentes y sus miedos pero él prescinde de la tesis, de la palabra y del discurso y ataca la miseria de cuajo, viaja a lo más bajo, a la podredumbre del sistema, al lodo, el ladrillo que se cae con solo apoyarse. Y logra una película extrañísima, pura negatividad escéptica sobre la sociedad que retrata con ahínco de cronista, sobre los personajes más destrozados que uno pueda imaginarse. Nos habla de sexo, de robo, de engaño, de la más descarnada lucha por la supervivencia proyectados en el joven protagonista, ese Rey cuyo cetro es su sexo y cuyo reinado es seguir con vida.

Cuesta entrar en ella, en su abrupta narrativa, su buscada fealdad y sus deficientes interpretaciones. Todo es exagerado, todo crispación, símbolo y sinceridad. Coherente además al mil por mil con el cine de Villaronga, el protagonista se emparenta con el de Tras el cristal y El mar. Luchadores alucinados que nada poseen más que su propio embrujo, la incomodidad de pertenecer a un mundo que les importa un pepino. Ahora que Cuba inicia una nueva etapa en su convulsa historia surgen miradas interesantes que dan cuenta de cuántos desastres ha auspiciado su régimen de más de medio siglo. Valen la pena.­

Sin concesiones, sin tapujos. La miseria en Cuba según Villaronga.