El lobo detrás de la puerta

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Por - 18 de julio de 2014

Con algo tan sencillo y aparentemente rutinario como una declaración ante la policía se puede conseguir la atención del espectador en cuestión de décimas de segundo. Especialmente cuando aparecen grietas y contradicciones. Que se lo digan al creador de True Detective, que ha tenido al mundo en vilo con un señor con coleta divagando mientras vacíaba six-packs.

Con cuatro interrogatorios encadenados arranca la brasileña El lobo detrás de la puerta, un caso de niña desaparecida en la línea de Adiós pequeña, adiós que sirve como gancho emocional para reconstruir las motivaciones ocultas de los implicados.

Tras ese arranque en el que con una enorme frialdad e inteligencia se impone la serenidad de los investigadores al desconcierto de los padres, el debutante Fernando Coimbra evita la tendencia natural de estas historias hacia el terreno del thriller, dando un giro confesional a los sucesos. Contra todo pronóstico, no se trata de la historia de un crimen, sino de la una pasión secreta entre un hombre casado y una joven inocente. Lo que sigue es una humanización brillante de la crónica negra, una renuncia al sensacionalismo para favorecer la identificación con una mujer engañada, rechazada y obsesionada. ¿Sabe alguien si se llego a estrenar en Brasil Amantes, de Vicente Aranda?

Todo esto seguro que sobre el papel se podía ver antes de rodar, pero para que sea real en la pantalla hace falta una actriz tan inspirada como Leandra Leal. Sin trucos, sólo con la verdad, abre un portal emocional hacia su drama interior con el que es prácticamente imposible no empatizar. A medida que se revelan los hechos, da miedo haber estado tan cerca de su personaje.

 

El cine brasileño es mucho más que samba, favela y violencia policial. Imprescindible.