El jugador de ajedrez

6

Por - 18 de marzo de 2017

Presentada a contratiempo en el Festival de Málaga, a los pies de un amplio sector de la caballería crítica que desdeñara su estilo académico y naturaleza industrial, El jugador de ajedrez plasma sobre la pantalla a un personaje improbable: el imparcial en tiempos de ideologías guerreras. Más que con el histrionismo de quien se confiesa apolítico y equidistante tanto de las derechas como de los “hijos de p…” de la izquierda (valga para este caso), el Diego Padilla de Marc Clotet se identifica con los que, frente a su cristiano verdugo, ofrecen la otra mejilla.

Además de presentar a su ingrávido protagonista, El jugador de ajedrez cuenta cómo el anhelo amoroso alimenta el instinto de supervivencia en los tiempos de cólera. Luis Oliveros, longevo ayudante de dirección que ya se había aproximado a la época con la TV movie El ángel de Budapest, traspone en imágenes el libreto de Julio Castedo, ambicioso en la recreación histórica. El efecto croma, una planificación cerrada y parte del rodaje realizado en las calles no reconstruidas de Budapest tras la II Guerra Mundial, sirven para acentuar aquel Madrid republicano, finalmente derrotado, y el París de la ocupación nazi. Sin batallas, pero con color. De metáfora fácil y reparto intrincado (Melina Matthews, Alejo Sauras, Stefan Weinart y Andrés Gertrudix junto a Clotet), El jugador de ajedrez no revoluciona, pero sí que te llega.

Académica y eficaz historia de amor y supervivencia (apolítica).