El despertar de las hormigas

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Por - 30 de julio de 2019

Una mujer mete las manos en un tarta. Remueve la manga pastelera y se come el dulce con los dedos mientras disfruta de su textura. Esta ensoñación pegajosa y, más adelante, unas polillas sonorizando el acto sexual, son los pocos elementos estilísticos fuera del naturalismo que se permite la ópera prima de Antonella Sudasassi, retrato de la buena esposa que busca su espacio entre los quehaceres de la casa, las atenciones al marido y las necesidades de sus dos hijas pequeñas.

Es precisamente esa naturalidad con la que El despertar de las hormigas presenta la vida interior de su protagonista lo mejor de esta cinta costarricense que salió muy reforzada de su paso por los festivales de Berlín y Málaga. Sobre todo, las interpretaciones de las niñas y de Daniella Valenciano, la actriz principal.

Pese a la insistencia de su marido y sus cuñadas en que tenga otro hijo, Isabel, como las hormigas del título, se ha despertado y prefiere dedicarse a sí misma: a peinar su larga caballera que se le va cayendo en sueños y a montar una sastrería. Su personaje recuerda a las vecinas de Cecilia Bartolomé en su estupendo cortometraje Carmen de Carabanchel esquivando a la desesperada añadir a la familia otra boca que alimentar. De hecho, aunque la propuesta de Sudasassi convence por su delicadeza y frescura, uno no puede evitar pensar cómo hubiese sido el cuento contado por Bartolomé.

 

Naturalista alegato de la mujer sobre la madre. No gustará a los provida.