El camino más largo para volver a casa

7

Por - 26 de mayo de 2015

ETIQUETAS:

,

Milan Kundera volcó en La insoportable levedad del ser los sentimientos de la protagonista en su perro, convirtiéndole en depositario de lo intangible e inexpresable que lastraba la relación que mantenía con su pareja. En El camino más largo para volver a casa el debutante Sergi Pérez hace algo similar con la mascota de la ex de un abandonado y desorientado Joel (Borja Espinosa). Cuando se despierta en su desolado hogar y encuentra al can moribundo le lleva al veterinario, con la mala fortuna de dejarse las llaves dentro de lo que fue un hogar. Por delante, un día entero a la deriva, tropezando de una escena a otra, escondiéndose y buscando de formas igualmente torpes.

“No sé adónde voy”, reconoce entre sollozos el protagonista de El camino…, abrazándose a ese sufrido perro [Respira: los títulos de crédito informan de que un veterinario veló por su integridad]. También los espectadores desconocen el trayecto y destino de este periplo angustioso, pero el dolor que transmite Espinosa –portentosa actuación, física y nada complaciente– hace que este tránsito por el desierto emocional produzca una empatía que no precisa de antecedentes ni motivaciones. Película dura y seca, compensa lo amargo del trago que sirve con una precisión casi quirúrgica –algunos dirán hanekiana, otros rosalina– al exponer los instintos y mecanismos autodestructivos de los hombres.

Él nunca lo haría: un hombre abandonado como un perro.