Por - 22 de febrero de 2013

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Tras una década consagrada a la exploración de su universo Matrix y a otros experimentos menos afortunados (¿recuerdan aquella adaptación del anime Speed Racer?), los hermanos Wachowski se aliaron con el alemán Tom Tykwer (La princesa y el guerrero, Corre, Lola, corre…) para adaptar la prestigiosa novela fantástica de David Mitchell El atlas de las nubes, un proyecto colosal de cien millones de dólares que en el Box Office USA se pegó un batacazo bastante considerable. Lo cual es injusto, pero previsible ya desde la misma naturaleza de su fuente literaria: nos encontramos ante una nueva epopeya humana articulada a través de seis historias que transcurren en sus respectivos periodos históricos, y que están sutilmente relacionadas entre sí. Un dispositivo narrativo similar al empleado en la adaptación de Las horas, pero sin alcanzar semejantes cotas de emoción y depuración formal. Además, la indefinición genérica de El atlas de las nubes, y su duración extrema (casi tres horas de metraje), provocan su encasillamiento en esa lista de películas agotadoras que, encabezada por El árbol de la vida, engrosan títulos como Las vidas posibles de Mr. Nobody, La fuente de la vida o El curioso caso de Benjamin Button.

Cine fantástico, filosófico y más o menos pretencioso, dotado en este caso de un ritmo vertiginoso –gracias a una brillante labor de montaje por corte–, y que sirve para continuar con el discurso mesiánico y socialmente revolucionario de los hermanos Andy y Lana. 

 

VEREDICTO:  Vertiginosa e incendiaria como The Matrix, pero menos sólida.