Dheepan

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Por - 30 de octubre de 2015

Fue la Palma de Oro sorpresa del pasado Festival de Cannes. Sorpresa porque entre The Assassin y Carol había quedado algo tapada, y porque no es la mejor película de Audiard después de la obra maestra que habría merecido esa Palma en 2009, Un profeta. Dheepan, mucho más comedida que aquella y que De óxido y hueso en sus descripciones emocionales de pasión y violencia, puede que quede a un paso por debajo de esos últimos trabajos del director parisino, pero sigue siendo un potentísimo retrato de dos guerras: la de inicio, en Sri Lanka, y de cuyas consecuencias escapan Dheepan, Yalini e Illayaal (tres impresionantes actores debutantes) como una familia falsa de padre, madre y chica adolescente; y aterrizan en la guerra que está a la vuelta de la esquina, la de la banlieue parisina, poblada de inmigrantes, bandas, drogas…

Dheepan encuentra trabajo de mantenimiento de esos edificios ruinosos. Yalini es cuidadora de un hombre mayor. Illayaal estudia. Los tres luchan en las calles y también por encontrar su sitio y su rol dentro de esa familia inventada. El improvisado padre, como ex guerrillero estaba más preparado para la rudeza de los suburbios que para la intimidad de su pequeñísimo apartamento. Pegado a los tres silenciosos personajes y a lo que ocurre en esas calles y en esos pisos, Audiard nos hace testigos de la violencia latente e intrínseca en esos barrios que sólo atraen atención cuando estalla. Literalmente. Como estalla en la película, cuando pasa de ser un drama migratorio y familiar a casi un thriller de acción con ritmo vertiginoso y héroe inesperado y soterrado tras el estrés posttraumático de haber vivido una guerra aún más real.

Audiard firma otra gran retrato de la resistencia humana en situaciones extremas y violentas.