Citizenfour

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Por - 25 de marzo de 2015

Si, como anuncian los agoreros, el cine como hasta ayer lo habíamos entendido se nos muere, siempre le quedará la heroica tarea de salvar el periodismo. O, al menos, el recurso de reconvertirse en medio de información, otro de esos muertos vivientes de estos tiempos modernos, ríete tú de Charlot con sus tuercas. No hay forma más adecuada para el fondo de la cuestión que aquí se dirime que un largo documental. Laura Poitras, documentalista peleona, cierra su trilogía (My Country, My Country, sobre Irak; The Oath, sobre Guantánamo) post 11-S con un relato periodístico en forma de entrevista a Edward Snowden, ex trabajador de la CIA hoy en busca y captura que reveló secretos sobre los sistemas ilegales de vigilancia masiva del gobierno USA.

Puro periodismo de investigación, el filme conforma además un relato sobre el poder de los medios de comunicación de masas, no apto para puristas que no compartan que la peripecia del periodista para conseguir su scoop también puede formar parte de la historia. Pero más allá de su compromiso con la verdad, el filme es, sin embargo, puro estilo. No sólo porque sus encuentros furtivos superan con mucho el listón de intimidad de En la cama con Madonna, sino porque (no es casual que Soderbergh sea productor ejecutivo) además nos acompaña ese aire de amenaza continua (con referencia a Garganta profunda) que sólo los maestros del cine político de los 70 (Pakula, Lumet, Pollack y cía) sabían mantener. Lo que sí sabe la periodística Poitras es que el cine hoy es su más potente aliado para explicar la realidad.

En la cama con Snowden. Oscar al mejor largo documental.