Por - 06 de julio de 2011

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Uno de los puntos fuertes de Pixar es su capacidad para crear con todo lujo de detalles universos tan reconocibles como confortables. El de Cars, sin embargo, fue el único que no terminaba de funcionar, por mucho que Radiator Springs fuera el pueblecito en el que a todos nos gustaría vivir. Había cierto extrañamiento en la idea de un mundo habitado sólo por coches parlanchines. Resultaba difícil empatizar con ellos. Por eso Cars 2 nace averiada: es la secuela de la película menos buena del estudio, la menos apreciada por el público (adulto). La única razón que había para hacerla era poder seguir explotando su rentable merchandising y un empeño demasiado personal (y sentimental) de John Lasseter.

En Pixar saben muy bien que una secuela no tiene por qué ser mala siempre que ofrezca cosas nuevas. Ahí está la sublime trilogía de Toy Story para corroborarlo. En Cars 2 se han aplicado el cuento ampliando hasta el infinito y más allá las dimensiones de su modelo. El pueblecito de la América Profunda ahora son ciudades recreadas con todo lujo de detalles automovilísticos como Tokio, Paris o Londres. Lo que era una comedia de personajes ahora es un thriller de espionaje con mensaje ecologista anti-petróleo (los conservadores norteamericanos la han tachado de “propaganda izquierdista”). Y la moraleja original –“lo importante es el viaje”- ha sido sustituido por un trillado “sé tú mismo y acéptate”.

El problema es que lo que no funcionaba en el original aquí tampoco lo hace. Pese a su virtuosismo técnico y su inabarcable nivel de detalle, es un filme de fórmula que carece de la originalidad y la dimensión emocional a la que nos tiene (mal)acostumbrados el estudio. La tecnología se ha impuesto al alma de los animadores, resultando un entretenimiento extremadamente cool pero sin la poesía y la trascendencia artística de títulos como Wall-e o Up! El habitual corto precedente, con los personajes de Toy Story, es el mejor resumen, concentrado, de ello: el incontinente greatest hits ha sustituido a la síntesis conceptual. John Lasseter se justifica diciendo que es una película hecha para los niños. Le haremos caso mientras soñamos con un mundo en el que Pixar sigue facturando una obra maestra cada año.

DAVID BERNAL

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