Carne de neón

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Por - 21 de enero de 2011

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Musicote, montaje saltarín, acción, tipos duros con chaquetas de cuero y hostias que llueven como panes. No es una película de Guy Ritchie. Tampoco lo es de Tarantino. Es de Paco Cabezas, guionista de Spanish Movie, Bon appétit y Sexykiller. Carne de neón, su segundo round tras las cámaras (el primero fue Aparecidos, 2007), podría parecer un mero cortaypega de lo de fuera, un intento de parecerse a los grandes por su estilo cañero reconocible desde la primera escena (una bala se acerca a toda velocidad hacia el protagonista) y que permanece latente en la estructura circular del filme (el protagonista recuerda en tono de flashback cómo ha acabado en la trayectoria de la bala), en la historia coral de una serie de personajes sacados de las (malas) calles (si no son gangsters en versión vallecana, son putas, travelos o yonquis) y en los referentes estéticos más anglófilos que patrios. Carne de neón convence igual, sean quienes sean sus padres. Si bien es cierto que el guión presenta algunas situaciones que rompen la credibilidad del filme, y los personajes son arquetípicos, se hace evidente una labor de cásting excepcional y, como resultado, un reparto de lujo con sorpresas (Vicente Romero), apuestas seguras (Macarena  Gómez, Darío Grandinetti, Ángela Molina –¡que le den el Goya!–… y un Mario Casas que parece nacido para el papel). Impresiona soberanamente la dirección de arte, preciosista y cuidada, tan conseguida que es imposible situar la acción en ningún lugar concreto. Se agradece, sobre todo, una apuesta distinta, algo marchoso, con tiros y saltos narrativos, con pasión. Aunque sepa a Pulp Fiction y suene a RocknRolla. 

Andrea G. Bermejo