Carelia: Internacional con monumento

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Por - 23 de mayo de 2019

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Con obras tan notables (e imprescindibles) como Color perro que huye (2011) o Ensayo final para utopía (2012), Andrés Duque confirmó las pautas de su universo narrativo que ya estaba apuntado en sus cortometrajes. Esos videoensayos, quizá se definen así mejor que como películas, están basados en el concepto de diario filmado con un fuerte carácter experimental. Con Oleg y las raras artes (2016), amplió su espacio de investigación a la biografía ajena y con su último filme, la primera parte de un díptico, indaga en las raíces de los habitantes de Carelia, una región fronteriza situada entre Finlandia y Rusia marcada por su historia –los muertos de su pasado– y su tradición chamánica. El cineasta venezolano, afincado en Barcelona, vuelve a trazar un mapa donde antes solo había un territorio.

Gesto cinematográfico de resonancias políticas y personales.