Capitán Harlock

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Por - 26 de enero de 2015

La infancia, sí, la patria preferida por los recuerdos verdaderos, es blanco fácil para alguien como el capitán Harlock. Es ese pirata espacial altísimo, de majestuosa capa, cicatriz, flequillo y pajarraco al hombro. Guapo y seductor, vive recluido en un romanticismo áspero y surca la galaxia sumido en el descontento más hondo. Sus aventuras fueron una serie memorable cuyo recuerdo es lejano y a la vez presente. Y ahora una película supone sin duda una buena noticia. La humanidad vive dispersa, la Tierra es territorio inseguro y Harlock tiene un plan que guarda bajo secretísimo candado. En el halo de fatalismo que rezuma su personaje seguimos hallando el motivo fundamental de regocijo. En la sencilla trama de la serie original se han colado, con el paso de los lustros, influjos de ficciones del más acá y el más allá. El hermanamiento más vivaz se halla quizás en esa búsqueda de lagunas temporales, agujeros negros que rompan los límites del tiempo y permitan andar hacia la ansiada libertad. Interstellar, claro. Y la poética de Harlock absorbe e hipnotiza. La estética del filme es agradablemente imperfecta, los personajes se mueven toscamente y la animación palpita en claroscuros. La memoria caprichosa se acuerda de Final Fantasy, que cuando se estrenó era la bomba. La nave de Harlock se llama Arcadia y una calavera la preside. El lugar soñado y feliz atravesado por la flecha de la muerte. Bonito, ¿no?

La infancia, sí, la patria preferida por los recuerdos verdaderos, es blanco fácil para alguien como el capitán Harlock. Es ese pirata espacial altísimo, de majestuosa capa, cicatriz, flequillo y pajarraco al hombro. Guapo y seductor, vive recluido en un romanticismo áspero y surca la galaxia sumido en el descontento más hondo. Sus aventuras fueron una serie memorable cuyo recuerdo es lejano y a la vez presente. Y ahora una película supone sin duda una buena noticia.

La humanidad vive dispersa, la Tierra es territorio inseguro y Harlock tiene un plan que guarda bajo secretísimo candado. En el halo de fatalismo que rezuma su personaje seguimos hallando el motivo fundamental de regocijo. En la sencilla trama de la serie original se han colado, con el paso de los lustros, influjos de ficciones del más acá y el más allá. El hermanamiento más vivaz se halla quizás en esa búsqueda de lagunas temporales, agujeros negros que rompan los límites del tiempo y permitan andar hacia la ansiada libertad. Interstellar, claro. Y la poética de Harlock absorbe e hipnotiza. La estética del filme es agradablemente imperfecta, los personajes se mueven toscamente y la animación palpita en claroscuros. La memoria caprichosa se acuerda de Final Fantasy, que cuando se estrenó era la bomba.

La nave de Harlock se llama Arcadia y una calavera la preside. El lugar soñado y feliz atravesado por la flecha de la muerte. Bonito, ¿no?

Romántica y arrebatada, es la historia de un soñador sin rumbo.