Cadáver

6

Por - 05 de noviembre de 2018

¿Dónde estaban la primera vez que tuvieron miedo? Probablemente en un lugar conocido. Casi seguro, en su casa. De niños, por la noche, en su habitación. El miedo va inexorablemente ligado a redescubrir espacios que ya conocemos. Y una vez que nuestra casa parece segura, toca enfrentarse a la inmensidad del océano o del espacio exterior, a la frialdad de enormes hoteles o a aparentemente cómodas casas en el campo. ¿Le suena?

Todo lo previsible de la premisa de Cadáver (The Possession of Hannah Grace en su versión original) se olvida por lo breve de la misma y su capacidad posterior para jugar con esta noción del espacio como elemento clave del terror. El cuerpo de una chica “mal exorcizada” llega a una morgue que se nos ha presentado minutos antes, de manera escueta pero eficaz. Estas luces encienden, aquellas no, esta puerta se abre así, no salgas por aquí. El guion es honesto en sus recursos, una jugada que habitualmente se traduce en una perezosa y previsible hora y media posterior, pero que en esta ocasión se aplaudirá más tarde con cada susto genuino.

Si en Cadáver encontrásemos además un mínimo de sorpresa, una leve intención de ruptura, algo en sus actores, su montaje o dirección que nos descolocase, estaríamos ante una muy destacable película. Por desgracia juega sobre seguro para no sobresaltar a nadie, consciente de su voluntad adolescente, masiva y “palomitera”.

Un terrorífico duelo entre Satanás e interruptores que van mal.