Buscando la perfección

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Por - 06 de agosto de 2019

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En pleno debate sobre el tenista ideal que corona el triángulo virtuoso Federer-Nadal-Djokovic, surge esta reflexión cinematográfica en voz alta (a gritos e insultos, a veces) sobre la perfección en el tenis. Aparentemente centrado en la figura del campeón John McEnroe y su paso por el torneo parisino de Roland Garros, el filme parte de una obsesión racional (cinéfila) y culmina en otra obsesión irracional (tenística).

Para el que conociese esa arrebatadora mezcla de talento y mala hostia del campeón norteamericano, el descubrimiento del filme es Gil de Karmadec, formador de tenistas embarcado en una quimérica búsqueda: transmitir en imágenes a los jóvenes la técnica perfecta. Sin ser del todo consciente (cosa que lo hace doblemente apasionante), sus concienzudas filmaciones de los movimientos de los ases se convierten no solo en un material impecable para rescatar a McEnroe sino también para evidenciar la imposibilidad de descifrar el genio. Una gran idea que flirtea con el concepto de fracaso: el del cineasta y el del campeón que tuvo en aquel Open de Francia de 1984 una derrota de la que nunca se recuperó. El tiempo, que reubica a los mitos y saca lustre a los colores y texturas de la tierra batida, se une al montaje de Faraut para que acabemos por empatizar con el juego interior de McEnroe, tenista genial, personaje francamente insoportable.

El (doble) genio de John McEnroe versus la (doble) obsesión de un cineasta.