Asher

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Por - 02 de abril de 2019

Las reuniones de veteranos insignes lo tienen fácil para producir ternura, máxime si dichos puretas cargan con la mística del perdedor. Asher está llena de nombres así, desde el protagonista Ron Perlman (actorazo en perpetuo ayuno de papeles a su altura) hasta el director Michael Caton-Jones, pasando por Richard Dreyfuss y Jacqueline Bisset. Así pues, algunos espectadores encontraremos en la cinta un plus emocional que nos lleve a ser indulgentes con ella… hasta que no tengamos más remedio que dejar de serlo.

El talón de Aquiles de esta película no es que su libreto (el guionista Jay Zaretsky afirma haber escrito el primer borrador a los 15 añitos) tire de todos los tópicos de las historias sobre asesinos a sueldo. Los lugares comunes rara vez son un problema por lo que tienen de comunes, sino porque hacerlos bien es difícil, y además Asher cuenta con variaciones interesantes sobre el particular, desde ese infarto que le ahorra tiempo y esfuerzo al profesional a la paradoja de ese mismo currante mostrándose inmutable ante la violencia, pero pasmado ante la vejez y su consecuencia última. ¿Dónde está la flaqueza, pues? En que la cinta, tras un comienzo prometedor, acaba perdiendo fuelle, volviéndose cada vez más difícil permanecer interesado en la historia y en sus personajes. Pero no culpemos demasiado a Caton-Jones por esto: si tú hubieras pasado de la prometedora Escándalo a Rob Roy, y de ahí a Instinto básico 2, también te costaría mantener el ritmo.

Reunión de veteranos fatigados que acaba fatigando.