Ártico

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Por - 27 de mayo de 2019

El brasileño Joe Penna fue una de las primeras estrellas de YouTube en su país, con vídeos vistos por millones de personas. Su especiali­dad eran piezas donde tocaba can­ciones famosas a la guitarra, pero juntando las notas al yuxtaponer distintas tomas con el montaje. Una suerte de stop motion musi­cal, estupenda representación del espíritu de creador autosuficiente que también aflora en Ártico, su primer largometraje. Teniendo eso en mente, no sorprende que sea una película de propuesta tan mi­nimalista: un personaje principal, un escenario en blanco, una lucha por sobrevivir en medio de la nada. Podría ser una obra de Beckett, pero es un relato de supervivencia extrema en el círculo polar ártico.

Tras un accidente de helicóptero, un hombre debe luchar contra la muerte y la desesperación en uno de los lugares del planeta más hos­tiles contra la vida humana. Menos mal que es Mads Mikkelsen, porque así no le cuesta nada llevar casi todo el peso de la película mientras se las ingenia para no morir bajo cero. Como ocurría con Tom Hanks en Náufrago o Robert Redford en Cuando todo está per­dido, el placer visual es inmenso al observar a un ser humano solo haciendo cosas en silencio, revol­viéndose panza arriba contra la inmensidad de la muerte, haciendo uso de fuerza y perseverancia. Y aquí cada parpadeo o ligero quie­bro labial del actor danés arrastra las de un glacial.

Mads Mikkelsen es amor; y, por lo tanto, más frío que la muerte.