Antes del frío invierno

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Por - 08 de septiembre de 2014

Rosas a gogó, cintas de vídeo, o un paquete bomba. El efecto devastador es el mismo cuando la confortabilidad burguesa es agitada por un agente exógeno (con semejante teorema construyó Pasolini su filmografía). Y aunque el prestigioso neurocirujano Paul, interpretado por Daniel Auteuil casi una década después de Caché, sospeche de Lou, la hermosa neurótica que deus ex machina aparece en medio de su rutina diaria, la vanidad masculina y esa barrera físico-emocional que existe entre él y su abnegada esposa Lucie (una Kristin Scott Thomas tan deslumbrante como siempre) provocarán que el doctor descuide su guardia y escudriñe en una dirección más sentimental que analítica. Como en Miele, el relato sobre la eutanasia de Valeria Golino, el intercambio generacional es el que redime los destinos de Paul y Lou, si bien la visión que Philippe Claudel (Hace mucho que te quiero) filtra sobre los tiempos que corren resulta conservadora en lo moral y políticamente viciada, afín a la doctrina de los que piensan que la mejor manera de protegerse de los demás es sellando puertas y ventanas. Más convincente resulta, sin embargo, el triángulo melodramático que se desarrolla entre Paul, Lucie y su amigo Gérard, resuelto con esa cómica salida de tono de la Scott Thomas tras el partido de tenis que pierde su marido, lo cual dota de aristas al personaje de Lucie y en cierto modo impulsa la película más allá de la atribulada crónica de sucesos. Al final, el exitoso Paul no es más que un pelele incapaz de dar explicaciones, ni a su mujer ni a ese policía que irónicamente le cuestiona sobre su percepción de la realidad. Quizás, más elocuente que el silencio hubiese sido responderle con otra pregunta retórica, del tipo: ¿en qué mundo vivimos, los que vivimos?

Opaco thriller amoroso protagonizado por un neurocirujano anestesiado emocionalmente.