Análisis de sangre azul

7

Por - 13 de febrero de 2017

Desde cierto punto de vista, Análisis de sangre azul es un ejercicio de recreacionismo: su empeño en parecerse a una película amateur rodada en vísperas de la Guerra Civil puede resultar tan enternecedor como el de quien, cada 18 de junio, se viste de coracero prusiano para irse al campo de Waterloo. Ahora bien: lo que no resulta tan evidente es cómo la película de Blanca Torres y Gabriel Velázquez se apropia, no sólo de la apariencia de un documento encontrado, sino también de su misterio y de su capacidad para fascinar. Esto vale tanto para la presentación (visto en blanco y negro, con rayaduras y en formato de cuatro tercios, el valle de Valderredible parece más panorama espiritual de Murnau que lugar de interés turístico) como para una historia propia de folletín, en el mejor sentido.

En Análisis de sangre azul hay un forastero misterioso, a la par que amnésico, y un profesor más chiflado de lo que aparenta. Y unas referencias ‘científicas’ (la frenología, la fisiognómica de Lombroso) que cuadran perfectamente con el vocabulario políticamente incorrectísimo de su narrador y con esa actitud suya, no tan lejos de la de Buñuel en las Hurdes (Gregorio Marañón, que también visitó la comarca cacereña, aparece mencionado en los ‘agradecimientos’ finales). A un filme así, tan poseído por la voluntad de resultar extraño, ¿cómo no quererlo?

Posee dos virtudes raras e imposibles de medir: misterio y encanto.