Por - 16 de noviembre de 2018

Silvio Soldini, que ya demostró su buen hacer y fino filmar con Pan y tulipanes o Cenizas en el viento, intenta aquí el más fácil todavía: una historia de amor contra todo pronóstico y llena de palos de invidente. El argumento cabría en el pie de página de una fotonovela de posguerra: un “viva la virgen” se enamora de una ciega, aparentemente sensible y desvalida, y la cosa empieza torcida pero se va enderezando, cómo no. El resultado sería perfectamente olvidable si no fuese por la luminosa, o iluminada por dentro, presencia de Valeria Golino, que sortea subtramas de relleno y gags machihembrados para regalarnos un par de escenas (en el bosque, en la camilla) que nos hacen sospechar que, con un partenaire correcto, esta “acuarela” podía haber volado. 

Una fábula romántica dispar, irregular e improbable.