[ZINEBI 2019] ‘Los que no sienten’, el cortometraje en el que una joven palestina da una lección al mundo

Cuatro antiguas estudiantes de Comunicación Audiovisual de Málaga ofrecen un punto de vista único del conflicto entre Israel y Palestina.

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10 de noviembre de 2019

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  • Carlota Mojica, Alba Cantero, Débora Vargas y Marta Porto estudiaban juntas en la Universidad de Málaga. A finales de 2018, su profesor de Documental, Alejandro Alvarado, les cuenta que la universidad está a punto de recibir a varias chicas, de diferentes países de Oriente Próximo. ¿Hacemos algo? Hacemos algo. Conocen a Tamar Fawaz, una joven de Gaza, y comienzan a hablar. Deciden confeccionar un cortometraje documental rodado exclusivamente con planos del móvil de Tamar, en el que ella sea la que cuente su realidad mediante testimonios cortos de sus familiares o planos de la desolación de sus alrededores, pero sin pretensiones externas que la contaminen. Porque a veces en la vida se juntan las personas adecuadas en el contexto idóneo para generar las historias que necesitan ser contadas. 

    El corto se llama Los que no sienten porque exactamente eso es lo que les define. Varias generaciones de palestinos que viven bajo ataques constantes, alejados de cualquier señal real de compromiso, esperando una promesa de cambio que nunca llega. Viviendo así, sometidos a una opresión eterna, se pierden los anhelos, se olvidan los sentimientos. Cuando sobrevivir es tu rutina, te deshumanizas. 

    Pero no estamos ante otro crudo-cortometraje-de-gente-blanca-sobre-lo-mal-que-está-el-mundo. Los que no sienten es una explosión de frescura, nacido de la pulsión de un grupo de mujeres jóvenes por darle voz real a una auténtica víctima de un conflicto de semejantes magnitudes. “La figura de Tamara es lo más fuerte que hemos visto, lo más real” comenta a CINEMANÍA Marta Porto. “Nunca le han dado la voz a la gente de allí. Somos nosotros los que vamos allí y contamos la historia de una guerra fría, apartada”. 

    “Conocimos a Tamar a distancia, empezamos hablando por Internet. Ella nos mandaba material e información sobre su vida allí y poco a poco, comenzamos a dar forma al proyecto. Lo difícil fue su viaje a España. Al ser de Palestina, la retenían en todos los aeropuertos, no le dejaban pasar con fotos ni vídeos, no sabíamos nada de ella. Consiguió pasar un pen drive. Hizo un viaje primero en autobús, sobornó al gobierno egipcio, luego aviones, mil registros… Pasó días sin dormir y sin comer, sola, para llegar aquí”. 

    Finalmente, Tamar llega a Málaga, se conocen y ponen en marcha el proyecto, buscando una lectura más allá de la evidente crudeza de la historia. “Hubo un momento de shock que cambió todo. Un día yo no podía más, me había pasado meses llorando. Pensaba, ¿quién soy yo para mostrar todo esto, si nunca voy a vivir nada ni parecido? Y fue aquí cuando mi tutor me dijo “ahí tienes el documental. Ahora sí que entiendes que tú no eres nadie. Que la importante es Tamar’”. Fue entonces cuando Marta decidió encargarse del guion y, entre todas, eligieron no utilizar material grabado aquí. No influir en cómo Tamar quería contar su historia. Enseñar la supervivencia pura, sin filtros, en un documental diferente.

    Tamar está ahora en Gaza. No consiguió trabajo en España y tuvo que regresar una vez que se le acabó el visado. Aparecer en Los que no sienten ha puesto en peligro sus capacidades para salir de nuevo del país. “Aquí sufrió racismo, hay que decirlo. Ahora ha vuelto a pedir una beca, pero haber querido participar en este documental hace que sea casi imposible que se la den. Ella ya sabía lo que hacía cuando nos dio el nombre. Impacta su naturalidad al hablar de todo esto sabiendo el riesgo que corre”.

    El único plano no rodado con el móvil de Tamar Fawaz es uno en el que Marta llora mientras la propia Tamar la consuela. No es habitual ver un ejercicio de autoría que pase por la propia humillación para transmitir lo frágiles que somos en el primer mundo, nuestro patetismo frente a la resistencia de los que realmente están sufriendo. Un llanto que no es una palmada en la espalda, sino un toque de atención a todos nosotros. Eso es lo primordial que busca este indescriptible e improbable grupo de mujeres. Algo tan concreto y amplio como cambiar la percepción de la gente, remover sus egos. Plantearnos a nosotros mismos.

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