Woody Allen: un tipo serio

¿Tiene sentido ver una 'peli' de Woody Allen sin chistes? Sí. Los dramas del neoyorquino te harán llorar tanto como sus comedias, pero no será de risa.

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28 de agosto de 2015

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  • No todas las películas de Woody Allen son comedias. Blue Jasmine se suma a la lista de los mayores dramones que el neoyorquino ha dirigido a lo largo de su carrera.

    Interiores (1978)

    Película: * * * * *

    Dramómetro: 🙁 🙁 🙁 🙁 🙁 

    “Yo lo llamaría Interiores”, sugirió su musa de entonces Diane Keaton. El primer drama de Woody Allen —”un retrato de grupo sobre fondo blanco, parodia del rojo de Gritos y susurros”, diría Fernando Trueba en una crítica de EL PAÍS pre-Ópera prima— tomó prestada la ocurrencia de la actriz para concretar que el homenaje a Bergman tenía mucho de drama existencia pero, también, de feria del mueble.

    Y en efecto, el origen del drama, el personaje al que daba vida Geraldine Page (papel pensado para otra Bergman, Ingrid), era una interiorista obsesionada con el orden que sembraba el caos en la vida de sus hijas al separarse del marido. Interiores, diría Keaton. Pero también hubiese valido el título de la canción de Death Cub for Cutie —Death of an Interior Decorator— inspirada en la película. Ikea, aquí tienes un filón.

     

    Recuerdos (1980)

    Película: * * *

    Dramómetro: 🙁

    “¡Ya no quiero hacer películas divertidas!”, gritaba en blanco y negro Woody Allen, el álter ego de… Woody Allen. Su homenaje al Fellini más mujeriego parodiaba el rechazo de la Academia y algunos intelectuales (¡qué carta la de Joan Didion en la New York Review of Books!) a sus últimos dramas. ¿Cómo? Haciendo caso de otros consejos más marcianos y logrando con Recuerdos una de sus películas más graciosas.

     

    Septiembre (1987)

    Película: * *

    Dramómetro: 🙁 🙁 🙁 🙁 🙁

    “Si coges todos los amores y fracasos amorosos de tu vida y los juntas durante un fin de semana en una casa de campo el resultado será algo parecido a Septiembre”, rezaba la crítica de Roger Ebert el 18 de diciembre de 1987 en el Chicago Sun-Times del mayor fracaso de taquilla de Allen.

    Efectivamente, en la chamber piece que el neoyorquino y su —aquí afeada— musa Mia Farrow hicieron y rehicieron (una primera versión con Maureen O’Sullivan y Sam Shepard fue a la basura) todos los personajes están enamorados de la persona equivocada. Como en Interiores —sólo que aquí de verdad no se ve ni un exterior— y siguiendo la estela bergmaniana, por fuera no pasa casi nada. Bueno, una cosa: al final llega septiembre.

     

    Otra mujer (1988)

    Película: * * * * *

    Dramómetro: 🙁 🙁 🙁

    “De todos los personajes de mi filmografía, el que interpreta Gena Rowlands es el que más se parece a mí intelectualmente”, decía Allen sobre Marion, la protagonista de su particular Fresas salvajes. Aquella profesora de filosofía, fría y autoexigente, se replanteaba su vida escuchando por las rendijas de la ventilación los lamentos de una mujer insatisfecha (Mia Farrow) durante sus visitas al terapeuta.

    Entre pensamientos en off, flashbacks, ansiedad y la música tristona de Erik Satie —Gymnopédie No. 3— el Woody Allen más empático nos advertía sobre los riesgos de camuflar el fracaso vital —y el miedo a sentir— entre los éxitos profesionales, y de la diferencia entre ser una mujer y poder haber sido otra.

     

    Sombras y niebla (1991)

    Película: * * *

    Dramómetro: 🙁 🙁

    Su película más cara no sólo levantó el set más grande de un estudio neoyorquino sino también un consumado homenaje al expresionismo alemán de Fritz Lang y compañía. Con maneras kafkianas Woody Allen adaptó su propia obra de teatro Muerte para colar, entre las sombras y la niebla, a medio Hollywood: de Madonna a John Malkovich, Jodie Foster, Kathy Bates, William H. Macy, John C. Reilly y hasta John Cusack.

     

    Maridos y mujeres (1992)

    Película: * * * *

    Dramómetro: 🙁 🙁 🙁

    Uno de esos casos de perfecta armonía entre vida y obra, la relación de Mia Farrow y Woody Allen no sólo saltó por los aires en su trigésima —y última— película juntos, sino también en la realidad, cuando Farrow descubrió que el director la engañaba con su hija adoptiva. Lo mejor de todo: Allen se había propuesto rodar Maridos y mujeres en 16 mm para conseguir una mayor sensación de documental.

     

    Melinda y Melinda (2004)

    Película: * *

    Dramómetro: 🙁 🙁 🙁

    Para interpretar en dos registros —el cómico con el pelo liso y el trágico, rizado— a la desafortunada Melinda, Woody Allen tuvo que renunciar a la ladronzuela Winona Ryder porque ninguna compañía de seguros se dignaba a avalarla. Radha Mitchell acabó robándole el papel. Paradojas de la vida… ¿para reírse o llorar?

     

    Match Point (2005)

    Película: * * * * *

    Dramómetro: 🙁 🙁 🙁 🙁

    Su película favorita y la menos suya. ¿Cómo pudo esta Traviata modernizada carecer de todas las neurosis del genio y, al tiempo, ser su película más turbia? Drama que se va convirtiendo en thriller, Match Point suelta a dos hijos pródigos de Dostoievski —Jonathan Rhys Meyers y Scarlett Johansson, cuyo papel en principio era para Kate Winslet— en los campos de tenis de la clase alta londinense para aprender que el móvil del crimen no era tanto el adulterio como el fracaso de la lucha de clases.

     

    El sueño de Cassandra (2007)

    Película: * *

    Dramómetro: 🙁 🙁 🙁

    Con el beneplácito de Philip Glass, Woody Allen le dio por fin un respiro a los estándares de jazz en su tercera película inglesa, un drama escondido en un thriller con nombre de barco de vela. Los esfuerzos con pistola de dos hermanos rateros (Ewan McGregor y Colin Farrell) vestidos de Prada para contentar al tío millonario quizás solventasen sus apuros económicos pero, público y crítica mediante, se quedaron en sueños de grandeza. La curiosidad: El sueño de Casandra no se estrenó en Venecia ni en Cannes, sino en Avilés, el 18 de junio de 2007.

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