Viennale 2015: Postales desde el acuario

Acabada la 53ª edición del Festival Internacional de Cine de Viena, repasamos los mayores descubrimientos que hicimos en el evento más cinéfilo del continente.

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09 de noviembre de 2015

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  • Con la llegada del otoño, una vez que los leones ya han terminado de pastar en Venecia y San Sebastián ha intentado que sus conchas recuperen relevancia en la geopolítica del cine, en el viejo continente europeo comienza la época de los festivales recolectores, aquellos que en vez de preocuparse por las premieres equipadas con alfombras rojas buscan dar una imagen eficaz y concreta de lo más destacado de la producción cinematográfica anual. Entre esas oportunidades para actualizar el mapa personal del planeta cine sin las prisas de Cannes o la maquinaria promocional de las distribuidoras, la Viennale destaca con inusual elegancia y frescura.

    El Festival Internacional de Cine de Viena no sólo ofrece a los vieneses y visitantes la oportunidad de ver las películas más importantes del año –es un certamen felizmente pensado para el público– en las espléndidas condiciones de sus majestuosas salas de cine repartidas a escasa distancia por el bello centro de la ciudad, sino que abraza la dualidad –propiedad indudablemente vienesa: el mundo como teatro y la introspección resignada, el barroco y el psicoanálisis; en definitiva, aquella estación meteorológica del fin del mundo de Karl Kraus– reservándose también una programación curiosa, exploratoria y nada indulgente. En ella se valora a grandes autores y cineastas cuyo nivel de compromiso personal y rigor apartan de los cauces mercantiles de fama y tendencias cambiantes del circuito de los festivales mayores, no digamos ya de la distribución comerical de sus películas.

    Por lo tanto, en la inabarcable 53ª edición de la Viennale, fue posible ver los enormes leviatanes acaparadores de las conversaciones cinéfilas y gran parte de los tops de películas de 2015 –Carol (Todd Haynes) como filme de inauguración, Anomalisa (Charlie Kaufman & Duke Johnson) en la clausura, Las mil y una noches (Miguel Gomes), Cemetery of Splendour (Apichatpong Weerasethakul), The Assassin (Hou Hsiao-hsien), Langosta (Yorgos Lanthimos), Spotlight (Thomas McCarthy), Dheepan (la Palma de Oro de Jacques Audiard), Right Now, Wrong Then (el Leopardo de Oro de Hong Sang-soo), etc.–, así como una selección de películas en homenaje al fallecido Manoel de Oliveira elegidas por Pedro Costa –ver Francisca (1981) matiza sin poder remediarlo el efecto de casi cualquier filme que pueda venir después, eso también es verdad– y asistir a los estrenos mundiales de los valiosísimos trabajos recientes de Jean-Marie Straub, Jean-Claude Rousseau, John Gianvito o Klaus Wyborny.

    Tomándole prestada a Straub su analogía de L’aquarium et la nation, se pudieron ver tanto los peces como las paredes del acuario. Lo que viene a continuación son algunos recuerdos, en forma de breves postales, de aquellas películas que más marcaron mi visita a la Viennale 2015.

    TROIS SOUVENIRS DE MA JEUNESSE

    Reencuentro fascinante con Arnaud Desplechin, que junto a Mathieu Amalric recupera al Paul Dedalus de Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle) (1996) para contar tres episodios de su juventud. Desplechin despliega todos los recursos, caracterizaciones, dinamismos y dirección de actores que lo han convertido en un narrador tan preciso como evasivo. Sus imágenes inquietas se funden con los cuerpos bellos de Quentin Dolmaire (el Dedalus adolescente) y Lou Roy-Lecollinet mientras cuenta como una nana una historia de amor, cigarrillos y lágrimas que, pese a reflejar la luz de cientos de enamorados de película, durante su duración se siente como la única del mundo; lo mismo que las de verdad. Más que un ejercicio de memoria contable a lo Perec, Desplechin se decanta por la máxima de Tuffaut: el reflejo de la vida antes que la vida misma. Si el reflejo está bien orientado, ya basta para desgarrar el corazón.

    DEUX RÉMI, DEUX

    deux

    Si el espíritu de Truffaut estaba muy presente en Trois souvenirs de ma jeunesse, en el caso de la nueva película de Pierre Léon, primera que veo de quien está considerado uno de los grandes cineastas franceses pasados por alto de forma recurrente, podríamos asistir a su renovación como engarzador de sortilegios cotidianos. Adaptación libre y despreocupada de El doble de Dostoyevski, se zambulle en el cine como fabulación con una alegre comedia de enredo y duplicidad donde con un par de planos construyen un universo reconocible y la cercanía de los personajes da ganas de sentarse con ellos a la mesa.

    EL ABRAZO DE LA SERPIENTE

    La película del colombiano Ciro Guerra que compitió en la Quincena de los Realizadores de Cannes remite a las grandes gestas condenadas al fracaso rodadas por Werner Herzog ante una Naturaleza hostil y disconforme. 35mm –aunque se proyectó en copia digital–, blanco y negro y amplitud panorámica 2.35:1 para navegar por la selva amazónica en busca de una planta curadora mítica, la yakruna, en compañía del último chamán vivo de su tribu; dos viajes, separados por 40 años de distancia, tan a la deriva uno como otro. Reconozco necesitar poco para caer a los pies de un filme con una premisa así, pero además el pulso de Guerra no decepciona, su narración en dos tiempos es un acierto y los momentos finales son probablemente el mayor arrebato sensorial, extracorporal incluso, del año (se siente, Cemetery of Splendour).

    WAKE (SUBIC)

    wake

    Presentada por el crítico Olaf Möller como “la única película que realmente importa de la programación”, la pareja de Vapor Trail (Clark) (2010) que cierra el monumental díptico documental de John Gianvito sobre las consecuencias del olvido amnésico de la guerra filipino-estadounidense de principios del siglo XX justifica por completo sus 277 minutos de duración en una de sus mejores secuencias. En ella, un par de activistas para el desmantelamiento controlado de los residuos tóxicos dejados en las antiguas bases del ejército de EE UU debaten con una comunidad de campesinos la necesidad de hacer valer sus derechos, transmitiéndoles que están en juego su salud y sus vidas. Son necesarias varias vueltas retóricas, una labor de convencimiento y duración del diálogo para incitar a la acción, igual que la sedimentación de las imágenes y testimonios recogidos por Gianvito pueden arrojar mucha más luz sobre este grave problema político y medioambiental que una pieza de reportaje televisivo despachada en, con suerte, dos minutos y medio.

    DIE TOTEN FISCHE

    Fascinante recuperación restaurada de una película de Michael Synek, filmada en asfixiante blanco y negro en 1989, donde se adapta el relato Les poissons morts de Boris Vian elevando al 11 todos los elementos de opresión kafkiana. Un pobre diablo que subsiste pescando sellos postales del arroyo para un avaricioso coleccionista transita por una ciudad de pesadilla expresionista, donde las ratas se agolpan para no morir ahogadas en las alcantarillas y los conductores de metro practican irritantes torturas mentales con los pasajeros.

    XIA NÜ (A TOUCH OF ZEN)

    Imagino que como complemento a la programación de The Assassin, también se propuso una proyección de A Touch of Zen, la obra maestra del género wuxia realizada por el maestro King Hu en 1971. Con su borrachera de colores luminosamente restaurada, sólo quedó entregarse a la antológica lucha de poderes, corruptelas rurales, intrigas de baratillo, espadazos sobrenaturales y monjes budistas voladores en un carrusel de imágenes apabullantes en constante agitación. Un movimiento perpetuo de luchas sin fin, fuera del tiempo y el espacio, cuyo principal combustible parece ser cómo hacer el próximo plano más asombroso todavía que los anteriores.

    DE POES

    De poes [The Cat] (Johan van der Keuken, 1968) from Sabzian on Vimeo.

    Este corto de Johan van der Keuken fue la mejor puerta de entrada posible para la proyección dentro del Filmmuseum, cuya retrospectiva este año era de películas con animales, de la ya de por sí increíble –en la acepción más literal del término– Vase de noces (Thierry Zéno, 1974) y su desquiciada relación de amor no correspondido entre un hombre y un cerdo que termina en abuso sexual e infanticidio. Os aseguro que esa idea de un gato soñando el universo entero me apasiona. Seguro que a Chris Marker, cuyo precioso Chat écoutant la musique (1990) tenía justa representación en el ciclo, también.

    UN AUTRE JOUR

    unautrejour

    Reservé para mis últimas horas en Viena la sesión centrada en el francés Jean-Claude Rousseau –la tercera R de un miniciclo dedicado a tres maestros del cine experimental con esa letra en el apellido; los otros dos eran Anne Charlotte Robertson y Mark Rappaport– porque estaba convencido de que me dejaría imágenes para el recuerdo. Esperaba parte de lo que encontré, como estampas naturales y humanas (Partage des eaux, 2014), observaciones cotidianas (Terrasse avec vue, 2014), incluso un curioso homenaje a Michael Snow (Remembering Wavelength, 2014), pero lo que de verdad me marcó fue el prodigio de una pieza como Un autre jour (2013), donde con un plano fijo [el de la foto] de apenas tres minutos sin diálogos son capaces de abrirse ante el espectador tal cantidad de ficciones y ramificaciones que invitan sin rubor a mirar con otros ojos, más atentos, este acuario donde estamos metidos.