Verdades y montajes del Poltergeist de Enfield

El caso paranormal de la secuela de 'Expediente Warren 2' es ya un clásico relato contemporáneo de fantasmas que ha hecho fortuna en prensa y ha aterrorizado en televisión.

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17 de junio de 2016

Es uno de los misterios que más ha llamado la atención a parapsicólogos en los últimos años, tan impactante y poderoso que hasta el propio Iker Jiménez regresa a él en cuanto tiene ocasión. En efecto, hablamos del Poltergeist de Enfield, el caso de una familia del norte de Londres que en 1977 sufrió una serie de sucesos paranormales que tenían lugar en su casa durante la noche: desde movimientos de sillas y cortinas traviesas o almohadas voladoras hasta posesiones de espíritus, ya que Jane Hodgson, una de las hermanas pequeñas, pareció estar poseída por el responsable de tanto jaleo en el hogar.

El caso estalló en los medios de comunicación y aunque en un primer momento los periodistas que siguieron el asunto intentaron demostrar que parecía imposible que la niña estuviese fingiendo, no tardaron en explotar el suceso hasta acabar preguntándose si lo sucedido fue realidad o tan sólo un montaje. Este es también el punto de partida de Expediente Warren: El caso Enfield, de nuevo con James Wan a los mandos.

Pero volvamos a lo sucedido durante esos oscuros años de finales de los 70. Mientras el Daily Mail y el Daily Mirror se hacían de oro vendiendo ejemplares a costa de los Hodgson, varios miembros de la Sociedad de Investigación Psíquica, como Maurice Grosse o Guy Lyon Playfair mostraron su apoyo a la familia intentando encontrar evidencias que probaran que esa casa estaba habitada por espíritus. Otros colegas de esa sociedad y de otras se opusieron a Grosse y Lyon Playfair y aprovecharon para denunciar su credulidad ante un caso que a sus ojos no era más que una soberana invención.

En la reciente miniserie The Enfield Haunting (2015), de Sky Living y con Timothy Spall en el papel de Grosse, se recrean los hechos vividos por la familia británica centrándose precisamente en la controversia entre los diferentes investigadores, sin escatimar en sustos ni en atmósferas tenebrosas.

También Ed y Lorraine Warren investigaron el inquietante suceso paranormal para dar su visión y tratar de disipar dudas ante tanta controversia. Una de las pruebas visuales más polémicas era una secuencia de fotografías en las que supuestamente se veía a la pequeña Janet levitar. Para el parapsicólogo Melvin Harris esas imágenes eran la primera evidencia visual de la actividad de un poltergeist, mientras que otros investigadores sólo veían en esas fotografías a una niña saltando de la cama.

Ed Warren y Lorraine Warren, por su parte, afirmaron que Janet al menos una vez “parecía dormida, pero levitaba en el aire”, aunque no hay imágenes o testimonios de esos fenómenos, más allá del entorno familiar.

Pero de todas las apariciones del Poltergeist de Enfield en medios de comunicación, es quizás el caso del falso documental Ghostwatch (1992) el más impactante de todos. Mientras en España aún estábamos recuperándonos de la resaca olímpica, en Reino Unido la BBC volvía a hacer historia con esta controvertida apuesta escrita por Stephen Volk y dirigida por Lesley Manning.

El 31 de octubre de ese año, la noche de Halloween, se emitió un especial sobre el más allá planteado como si fuera un programa en directo: el conocido presentador Michael Parkinson en el plató y una invitada debatían sobre la existencia de fenómenos paranormales al mismo tiempo que una unidad móvil, junto a varios investigadores, se habían  desplazado a una casa presuntamente encantada. A medida que avanza Ghostwatch, la histeria va apoderándose del programa cuando comienzan a ser más continuas las llamadas al estudio y en la casa suceden fenómenos cada vez más alarmantes provocados por un fantasma llamado Mr. Pipes; hasta tal punto de que llega un momento en que las fuerzas del otro mundo se plantan en el mismísimo plató televisivo y se produce un terrible fallecimiento.

Aunque ese documental era, efectivamente, una broma –un programa grabado previamente bajo la apariencia de un directo–, el público congregado alrededor del aparato esa noche quedó completamente aterrorizado a causa de la autenticidad que estilaban las interpretaciones y el mismo dispositivo narrativo. La polémica fue inmediata: las líneas telefónicas de la BBC se saturaron de llamadas, no fueron pocas las personas que tuvieron que ser atendidas por crisis de ansiedad, e incluso hubo chavales que sufrieron estrés post-traumático a causa del filme. Cinco días después de la emisión de Ghostwatch un joven de 18 años con problemas mentales se suicidó dejando una nota que relacionaba su tragedia con el programa televisivo.

Ante las numerosas quejas de los usuarios, la BBC, a través de la Broadcasting Standards Commission, tuvo que disculparse. Según los productores del documental, no costaba reconocer que el filme era una invención, máxime cuando se estaba emitiendo en la franja horaria dedicada a ésta, llamada Screen One. Sin embargo, sus alegaciones cayeron en saco roto y cedieron en hacer pública su disculpa por no avisar con el suficiente tiempo de que el contenido del documental era ficticio.

Tampoco pareció ser del agrado de parapsicólogos y, como recuerda Simon McCallum para el British Film Institute, al investigador de los fenómenos de Enfield, Maurice Grosse, no le hizo ni pizca de gracia la recreación en clave de broma de los sucesos que estuvo años investigando. Con todo, y pese a la controversia, o quizá gracias a ella, Ghostwatch es ya hoy un hito en la historia de la televisión y vincula esta producción con el gran fenómeno de terror de masas de Orson Welles y su famosa emisión radiofónica de La guerra de los mundos, adaptación de la obra de H. G. Wells.

En los albores del 20 aniversario de la emisión de Ghostwatch, sus responsables celebraron la efeméride lanzando un documental sobre el documental titulado Ghostwatch Behind the Curtain, cuya preparación se puso en marcha en 2007 en una producción escalonada y transmedia que incluía el lanzamiento de un blog, un foro, presencia en redes sociales y el largometraje. En éste, se pueden ver a los protagonistas de Ghostwatch hablando del documental, del impacto que supuso en sus profesiones y en la propia cadena, que no sólo no volvieron a repetir una experiencia mockumentary similar sino que han huido de cualquier debate al respecto.

“Estabámos haciendo una pieza dramática sobre un tema y nadie nos rebatió nada. El tono era del tipo que sacan los tabloides: shock, horror, enfermedad”, explica Stephen Volk en una entrevista en la BBC. “He de decir con toda honestidad que en todas las reuniones que tuvimos con el departamento de ficciones de la BBC nunca escuché a nadie en ningún momento utilizar la palabra broma. Estábamos haciendo una ficción bajo unos parámetros de estilo particulares para poder otorgarle cierta autenticidad. La idea de que quisiéramos engañar a la gente es absurda y errónea”.

Montaje y realidad, ficción y no ficción otra vez con el suceso de Enfield como denominador común. El misterio sigue vivo.

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