‘De tu ventana a la mía’: historias de mujeres y aislamiento

Maribel Verdú, Leticia Dolera y Luisa Gavasa protagonizan la ópera prima de Paula Ortiz: tres historias de mujeres que anhelan la libertad.

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20 de marzo de 2020

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El estreno de La novia en 2015 conmocionó al cine español. Parecía que por fin había una directora capaz de afrontar todos los tabúes y atavismos de nuestra memoria emocional, mirando de frente a la represión que han sufrido las mujeres en distintos momentos, en todos los momentos.

Sin embargo, en La novia lo importante no era el tema, ni tan siquiera el argumento, adaptación libre de Bodas de sangre de Lorca. Lo que hizo que esa película se clavase en la memoria de los espectadores fue el lirismo exacerbado de sus imágenes, su simbolismo, su poder evocador. Estaba claro que detrás de La novia había una mirada personal, lírica, apasionada, firme, la de su directora Paula Ortiz.

Lo que quizá poca gente sabía era que La novia tenía un claro precedente, una película dirigida cuatro años antes por la misma mujer, De tu ventana a la mía. En su primera película estaba anunciado mucho de lo que veríamos en La novia, esas pasiones torrenciales, ese tono poético. Y también otros caminos, arriesgados y poco transitados, que no se repetirían y que hacían de esa ópera prima una obra irrepetible, personal, personalísima.

De tu ventana a la mía tiene una estructura narrativa compleja, basada en tres historias de tres mujeres distintas, vividas en tres tiempos distintos que sin embargo, acaban conformando una sola historia. La película va pasando de una a otra, mostrando a veces los paralelismos, a veces los contrastes. Pero no se puede decir que su estructura sea de episodios, ya que la película fluye sin obstáculos, y pasamos de una mujer a otra, de una historia a otra, de una forma orgánica, casi lógica.

Esta elección es la más inteligente, la más coherente, porque en realidad las tres narraciones no son sino una sola, que se podría resumir en los obstáculos que las mujeres españolas han tenido en la historia para vivir el amor con libertad. Y quien dice amor dice su propia vida, sus propias elecciones.

Por eso, De tu ventana a la mía es una películas de mujeres fuertes que tenían que ser interpretadas por actrices fuertes. Leticia Dolera, Maribel Verdú y Luisa Gavasa bordan una interpretación magnífica consiguiendo un difícil equilibrio: hacer un melodrama torrencial sin caer en lo lacrimógeno.

En ellas se ve todo el rato la fragilidad pero también la necesidad de aferrarse a cualquier clavo ardiendo, aunque se llame rutina. Se muestran todo el rato como víctimas sin esconder que en ellas hay un resorte de resistencia que hace que nunca caigan del todo. Es difícil no entrar en el interior de esas tres actrices, acompañarlas, sentir con ellas.

Pero como pasaba con La novia, la verdadera fuerza de De tu ventana a la mía es el poder de sus imágenes, a medio camino entre el romanticismo y el dolor, entre la estilización y la condena, entre el lirismo y la denuncia. Las imágenes incluyen una interesante reflexión sobre el color.

A pesar de los campos, a pesar de trigo, a pesar del verde de los Pirineos, el color que prevalece siempre es el gris, el gris de la sombra, de la noche, de las ciudades de provincias a finales del franquismo. Entender ese gris desde nuestra contemporaneidad debería ayudarnos a pensar cuánto hemos dejado atrás y cuánto permanece en nuestros días de esa situación en los que la mujeres serán el eslabón más débil de la cadena de afectos.

La lectura de esta película esta clara. La historia de nuestro país se construye, se cimenta sobre dolores anónimos, casi todos de mujeres. No sólo la Historia tiene una deuda con ellas, también el cine, que construye nuestro imaginario. Esta película es un gran primer paso para que el cine nos incluya a todos, nos narre a todos.