Un pedazo de pan con leche, el antihéroe de ‘Corazón gigante’

La soledad de un hombre bueno en el país más aislado de europa, punto de partida de ‘Corazón gigante’, filme del cineasta islandés Dagur Kári sobre un (Inmenso) antihéroe

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12 de mayo de 2016

 

Un brindis por el hombre del vaso de leche. Más que un alimento, una declaración de (buenas) intenciones. Se llama Fúsi, es islandés, pasa de los cuarenta, vive con su madre, va de casa al trabajo y del trabajo a casa, y recrea batallas de la II Guerra Mundial con soldaditos.

Modelado a pachas entre el guionista y director Dagur Kári (Nói Albinói, Voksne Mennesker) y el actor Gunnar Jónsson (Rams), este hombretón con grandes, enormes, problemas para relacionarse es una auténtica medida de choque contra los prejuicios, no sólo de ese país al norte del norte sino de cualquier lugar del mundo. Corazón gigante (Fúsi en el original) es el cuarto largo de Kári, que pasó seis años sin dirigir tras su mala experiencia en EE UU (rodó Un buen corazón con Paul Dano y Brian Cox): “Había perdido la pasión por hacer películas y esta historia me la devolvió”.

El inmenso Jónsson no es lo que se dice una estrella, cuenta a CINEMANÍA el director de esta película que llega a España avalada por varios premios en festivales de cine del mundo entero. Arrasó en el neoyorquino Tribeca de Robert de Niro en 2015, y se llevó el mejor director en El Cairo y el CPH PIX de Copenhague. “Jónsson es un actor popular en Islandia gracias a una serie de televisión y se merece todo lo que le está pasando”, reconoce Kári. La Seminci de Valladolid premió con la Espiga de Oro al mejor actor su personaje, Fúsi, uno de esos tipos que es difícil olvidar: “Su inocencia le hace fuerte, Fúsi encuentra la fuerza en esa bondad natural”.

Obseso de los detalles (la batalla de El Alamein, por ejemplo) y asiduo al Festival de Gijón, Dagur Kári reconoce que Fúsi sale de “una de esas largas esperas de aeropuerto”, donde el cineasta descubrió a esos operarios con orejeras, aislados de todo en el país más aislado del continente. “El personaje me llevó a esta historia de soledades”. Soledades (y meriendas) compartidas con su vecina, una niña a la que da vida la hija del cineasta. Trabajar con su pequeña y con un pedazo de pan, así cualquiera recupera la ilusión. Ilusión mojada en un buen vaso de leche, claro.