Todos los remakes en acción real de Disney, ordenados de menor a mayor calco

El reciente estreno de 'El rey león' nos ha motivado a echar la vista atrás y estudiar la peculiar relación de simbiosis de estos films con los originales.

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21 de julio de 2019

¿Es deprimente que la taquilla de la temporada veraniega dependa exclusivamente de un remake de Disney sin ganas de cambiar nada de la fuente original? Podría serlo, sí, pero dada la gran afluencia en el cine mainstream de secuelas, crossovers, reboots y demás anglicismos, parece el sino de los tiempos, y toca tratar de disfrutarlos como se pueda. En el caso de las versiones live action de la Casa del Ratón contamos con el atractivo añadido de pode ir comparándolas con las fuentes originales, que normalmente son clásicos animados recordados por todos.

Estas comparaciones han evolucionado hasta el punto de que, con el tráiler de ese remake de El rey león que acaba de estrenarse, gran parte de los comentarios incidían en el enorme parecido de las imágenes de Jon Favreau con las de la película estrenada en 1994. Parecido que podía pasar, incluso, por un calco fotorrealista que llevaba la animación hacia lo que este equipo identifica (erróneamente) como el siguiente nivel.

Ha pasado con El rey león, pero también con otros muchos remakes de la factoría, que hoy vamos a ordenar en base a su condición de calco más o menos extremo de la materia originaria. No considerando como parte de la lista, por cierto, películas como Maléfica o Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton por constituir secuelas o revisiones con una gran deuda estética de los precedentes animados, pero no remakes. Así que sigue leyendo, y deprímete si se tercia al descubrir cuántas pelis de este tipo llevamos ya.

 

El aprendiz de brujo (2010)

De esta no te acordabas, ¿eh? El mismo año que se estrenó Alicia en el país de las maravillas y su enorme éxito de taquilla precipitó la producción de más films basados directamente en antiguos clásicos de la compañía, vio la luz esta pequeña y aterradora rareza. Dirigía Jon Turteltaub años antes de amargarnos nuevamente el verano con Megalodón, y el planteamiento era tan ridículo que hasta podía haber dado pie a una película encantadora. Pero no fue así.

El aprendiz de brujo tomaba como materia prima el famoso cortometraje homónimo incluido en Fantasia (1940), con Mickey Mouse de protagonista. Nicolas Cage iba a interpretar al brujo, Jay Baruchel a su aprendiz, y Alfred Molina al… enemigo de ambos. En efecto, la película apenas tenía algo que ver con los diez minutos que duraba el corto original, contentándose con incluir algún pequeño guiño en forma de escobas para deshacerse en el genérico desfile de efectos visuales y muecas de The Cage.

 

El libro de la selva: La aventura continúa (1994)

En 1993 Disney hizo su debut en esto de los remakes con la encantadora De vuelta a casa: Un viaje increíble, de la que recientemente hablábamos en profundidad. Sin embargo, esta película no terminaba de contar como live action ya que se inspiraba a su vez en otro film de imagen real (El viaje increíble de 1963), por lo que el fenómeno comenzaría de forma oficial un año después, con el estreno de El libro de la selva: La aventura continúa. Dirigía con el oficio que acostumbra Stephen Sommers (La momia), sin ganas de regirse por los esquemas de la original.

Este remake, protagonizado por Jason Scott Lee un año antes de encarnar a Bruce Lee en Dragón (1993) y Lena Headey antes de ponerse ciega de vino en Juego de tronos (2011-2019), cuenta con la particularidad de que se inspira directamente en la novela original de Rudyard Kipling, alejándose todo lo posible de las imágenes del clásico animado de 1967. Cuenta a grandes rasgos una historia parecida, pero se centra especialmente en los años de adultez de Mogwli, cuando este vuelve a la civilización espoleado por el amor de una dama inglesa.

 

Cenicienta (2015)

Cuando se estrenó Cenicienta Disney ya tenía planeado empezar a lanzar su ristra de remakes live action de un momento a otro, pero el film protagonizado por Lily James tiene muy poco en común con los films posteriores. De hecho, ni siquiera tiene una relación tangible con Maléfica, puesto que el mundo que compone Kenneth Branagh respira de forma independiente al clásico animado de 1950. Donde en este predominaban los colores apagados y las animaciones minimalistas, el remake de 2015 es todo brillo, purpurina, y colorinchis.

Lo cual hablaría a favor de la inventiva de Branagh… si el acabado del film resultante no diera ganas de arrancarse los ojos. Cenicienta es una película terriblemente hortera con la que el director inglés profundiza en su vena feísta tras el dislate que fue también la primera Thor (2011), y lo más curioso es que, dentro de esta terrible pero a pesar de todo novedosa visión, no había ni un solo cambio sustancial en la historia contada anteriormente. Ni la más mínima intención de actualizar un cuento que parecía más viejo a cada segundo.

Al menos Cate Blanchett andaba por ahí. Podía haber sido peor.

 

Dumbo (2019)

Viajando al año actual, en el que Disney ha lanzado la friolera de tres remakes de acción real, hemos de centrarnos en la segunda película de este corte dirigida por Tim Burton para Disney. Anunciada como la personalísima versión del director de Bitelchús (1988), los mayores puntos de interés de Dumbo no tienen tanto que ver con el aspecto visual, tan abigarrado y clónico como el del resto de films de esta hornada, como con sus curiosas ideas de guion.

La Dumbo de 1941 era una película pequeñita compuesta prácticamente de episodios independientes, y a la hora de desarrollar un film de casi dos horas era necesario meter relleno a espuertas. Algo conseguido con multitud de personajes humanos (prácticamente inexistentes en el film original), y gracias sobre todo a un argumento que acaba manifestándose como una crítica nada velada a la fábrica de dinero que es Disney, teniendo la película trasuntos de Disneyland, del propio Walt (Michael Keaton) y de merchandising en forma de juguetes del elefantito.

Vaya, que la peli tiene su interés, por mucho que Burton siga en coma artístico desde principios de siglo. Aunque, eso sí, sea inevitable cuestionar la validez de cualquier crítica anticapitalista si es la propia Disney quien la enmarca.

 

Peter y el dragón (2016)

Una de las jugadas más raras que ha acometido recientemente la Casa de Ratón es la de remakear una antigua película de 1977 que en su momento no se desenvolvió mal en taquilla, pero que ni de lejos era tan recordada como otros tótems de esta lista. Lo curioso, además, es que Pedro y el dragón Elliot (dirigida por Don Chaffey) ni siquiera era de animación propiamente, proponiendo una mezcla entre formatos y siendo el dragón del título el único personaje animado.

La película dirigida por David Lowery un año antes de la mayestástica A Ghost Story (lo que es la vida), optaba pues por recrear a la criatura con CGI inspirándose en los movimientos de un perro y haciéndolo peludito. Una estrategia que debería haber funcionado, pero que no conseguía levantar un argumento sin apenas interés, donde los personajes humanos (de Bryce Dallas Howard a Robert Redford) no atinaban a disimular el paupérrimo argumento que conservaba desde 1977. Aunque la banda sonora era magnífica, todo hay que decirlo.

 

101 dálmatas. ¡Más vivos que nunca! (1996)

Dos años después de El libro de la selva: La aventura continúa, Disney encaró su primer remake en acción real con todas las de la ley, reuniendo para la ocasión a Glenn Close (inmortalizando aún más a Cruella DeVil) y al mismísimo John Hughes, encargado de desarrollar un guion que no por parecerse lo suyo al film animado de 1961 dejaba de exhibir un enorme músculo cómico. Las interpretaciones de Close y secundarios como Jeff Daniels y Hugh Laurie remarcaban sus logros, y 101 dálmatas fue, como no podía ser de otra forma, un gran éxito.

Uno que curiosamente no derivó inmediatamente en los remakes que hoy asaltan la cartelera, conformándose con una secuela bastante menor (102 dálmatas, 2000) que incorporaba a Gérard Depardieu como secuaz de una Cruella que aseguraba estar rehabilitada (en lo que suponía la mejor idea del guion). 102 dálmatas, dirigida por Kevin Lima, además tenía el acierto de incluir a la inigualable Blanquita, la adorable dálmata sin manchas.

Ah, y salvo un loro que aparecía en la secuela, ningún animal hablaba en estas dos películas. De algún modo, Disney se las apañó para que no fuera necesario.

 

El libro de la selva (2016)

Y llegamos a la película que (de verdad) lo empezó todo. Antes de que todos estos remakes se convirtieran en potenciales taquillazos a los ojos de los ejecutivos de Disney, Jon Favreau dirigió una nueva versión de la historia de Rudyard Kipling tomando como modelo el film de animación de Disney. Fue aquí donde se empezaron a reutilizar las canciones (entonadas de forma terrorífica por animales gigantes) y también donde la animación CGI abrigó el objetivo de replicar las imágenes animadas en una robusta y estilizada animación hiperrealista.

El libro de la selva, saludada de forma bastante cordial por la crítica en su momento, abrazaba todos los problemas asociados a estas producciones, y aunque el atinado sentido aventurero de Favreau consiguiera darle un hilo narrativo a una historia que, originalmente, se componía de sketches, deviene inevitable echarle la culpa de todo. Sobre todo porque, en aras de esos principios industriales que Disney ya ha abrazado sin ningún disimulo, el único cambio significativo que sufría la historia (en lo que se refiere al final) se debía a la necesidad prudencial de nuevas secuelas.

 

Aladdin (2019)

Volviendo al 2019 de nuestro descontento hemos de plantarnos en la nueva versión de la película de 1992. Dirigiendo Guy Ritchie (o eso leemos en IMDb), Aladdin es un ejemplo inmejorable de las limitaciones que se autoimponen estos remakes, y de las insalvables diferencias entre la animación y la acción real. Pese a ampararse en una historia universal con varias adaptaciones, este film se empeña en tomar al referente animado como único modelo, metiéndose en un ingente número de callejones sin salida al recrear sus escenas.

Las canciones son las que más lo sufren (convirtiéndose bien en desfiles de parques de atracciones, bien en videoclips cutres de los 90 como demuestra la nueva canción de Jasmine), pero es Will Smith quien ha de pagar el precio más alto. El Genio de este remake trata de igualarse a la enloquecida creación desarrollada a imagen y semejanza de Robin Williams, incurriendo en un fracaso técnico tan absoluto que sientes pena por un actor que, cuando deja de ser azul, no lo hace del todo mal.

Pero bueno, como calco rudimentario nos puede ir valiendo. Aunque sólo sea por el esfuerzo que le echa.

 

La bella y la bestia (2017)

El remake más exitoso de la casa (a falta de conocer los resultados en taquilla de El rey león) fue dirigido por Bill Condon y protagonizado por quien supuestamente era la única Bella posible: una Emma Watson cuyo fichaje fue instantáneamente aplaudido. El resto de elementos de esta superproducción no tuvo un recibimiento tan caluroso, pero La bella y la bestia hizo tanto dinero que a nadie le importaba que esta versión careciera de imaginación alguna y, ahora sí, constituyera ese calco definitivo que Disney venía buscando.

O, precisamente, fue por eso por lo que tuvo tanto éxito. Las diferencias que separaban al film de Condon del original de 1991 se reducían a una subtrama con la madre de Bella y a un insustancial guiño de cara a la galería, a partir del empeño de Disney en aumentar la diversidad de sus películas. En La bella y la bestia esto pasó por hacer a Lefou (Josh Gad) abiertamente gay, aunque el tratamiento no fuera el más apropiado, y ahí se acabaron todas las novedades.

La bella y la bestia te proponía experimentar la magia del original de los 90 conservando su condición de musical de Broadway y recurriendo al CGI para absolutamente todo, y fue justo por eso por lo que pagaron los espectadores.

 

El rey león (2019)

Alcanzamos la joya de la corona. Es difícil definir a El rey león de Favreau como una buena película (como, honestamente, es difícil hacerlo con cualquier obra de este ránking), pero el obsceno logro técnico que supone toda ella es innegable. Justo cuando la etiqueta live action pierde todo el sentido, y la maquinaria de los remakes debe refugiarse en el nicho de la animación hiperrealista, la revisión del que probablemente sea el clásico más monumental de Disney encuentra su razón de ser en esos avances técnicos que, supuestamente, han respaldado toda la movida.

De esta forma, las carencias insalvables siguen siendo llamativas (sobre todo en lo que se refiere a la expresividad de los animales y lo difícilmente que se amoldan a ella las voces de lo actores), pero el film de Favreau aterriza de pie gracias a su empeño en que los remakes live action alumbren por fin una película bonita, utilizando el original de 1994 como único referente y obteniendo con mayor consistencia que nunca ese parecido extremo. Esa pleitesía al pasado de Disney, que ha guiado los esfuerzos de la compañía durante los últimos cinco años.

Es imposible, en efecto, que El rey león de 2019 se parezca más a El rey león de 1994. El que esto sea bueno o malo dependerá ya, exclusivamente, del juicio de cada uno.

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