Todo lo que tienes que saber sobre ‘El irlandés’

Martin Scorsese se reúne con sus sospechosos habituales Robert de Niro, Joe Pesci y Al Pacino y aporta su mirada más madura al cine de gangsters

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15 de noviembre de 2019

Aunque fue un éxito de taquilla, el estreno de ‘Uno de los nuestros’ sentó fatal en el patio de butacas. “El público salía hecho una furia –recuerda Scorsese–. Le pareció fatal que hubiese hecho tan atractivos a estos personajes”. Ni siquiera a la Mafia le gustó el retrato eléctrico y expansivo del italoamericano. “Esto no es más que propaganda del gobierno: convierte en héroe a un testigo protegido, se ríe de todos los personajes y trivializa actos terriblemente violentos”, se quejaba en su momento Bruce Cutler, abogado defensor del  jefe de la Familia Gambino John Gotti. Mientras el New York Times definía Uno de los nuestros como “malvadamente entretenida”, Martin Scorsese sedimentaba esta mirada despreocupada al crimen organizado, ya presente en Malas calles y que continuaría en Casino, como uno de los rasgos de estilo esenciales, junto a la música o esa cámara movediza, de su cine gangsteril.

Casi 20 años separan Uno de los nuestros de El irlandés, la nueva inmersión de Scorsese y sus sospechosos habituales De Niro y Joe Pesci en el universo de la Mafia e, inevitablemente, el tiempo ha pasado por ellos. Inspirada en el libro Jimmy Hoffa. Caso cerrado, de Charles Brandt (Ed. Crítica), El irlandés cuenta la historia de Frank Sheeran, un veterano de guerra cuyos dudosos servicios al clan Bufalino se expanden a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, involucrándole en la misteriosa desaparición del líder sindical Jimmy Hoffa.

Sin duda, una fórmula que les había funcionado con anterioridad; De Niro y Scorsese llevaban desde Casino (1995) buscando un libro que les permitiese colaborar nuevamente. Pero pasaron décadas hasta que el actor de Taxi Driver se topó por casualidad con el libro de Brandt. “Lo primero que hice fue llamar a ‘Marty’ y decirle: ‘Esta es la historia que deberías contar”.

Un último trabajo para la banda

Como en Wiseguy: Life in a Mafia Family, el libro de Nicholas Pileggi que había servido de inspiración para Uno de los nuestros, Jimmy Hoffa. Caso cerrado era un recuento en primera persona de la entrada de un hombre corriente en el mundo del crimen organizado. En este caso, de un repartidor de carne en el corrupto sistema que se creó después de la Segunda Guerra Mundial cuando los capos de la Mafia se infiltraron en los sindicatos, el gobierno y las grandes compañías.

El entusiasmo genuino de De Niro y la lectura del libro de Brandt convencieron rápido a Scorsese, que recordaba a la perfección “la emoción y la conexión de De Niro con la historia de Sheeran”, al que por supuesto él mismo interpretaría. Ni de broma iba a decirle que no a su actor predilecto, al instigador de Toro salvaje, a su colaborador más fiel, al amigo que muchos años antes, cuando un mal cocktail de cocaína y medicación para el asma le había llevado directo al hospital, le había cantado las cuarenta como si fuese uno de los gangsters de sus películas: “¿Es que no quieres vivir para ver cómo tu hija crece y se casa?”.

Igual de outsider que De Niro y Scorsese, cuya relación puede rastrearse en el Village de principios de los 60, cuando ambos eran adolescentes parecidos a los de Malas calles, es el personaje de Frank Sheeran –¿y qué personaje de Scorsese no lo es?–. “Sheeran vuelve de la Segunda Guerra Mundial en la que había combatido durante más de 400 días seguidos. Vuelve de la guerra sin nada por lo que vivir, sin educación, sin oportunidades y se encuentra con un grupo de gente que lo aprecia”, explica el director. Este grupo de gente es el clan Bufalino, liderado por el fabricante de telas Russell, al que Scorsese y De Niro siempre se imaginaron en la piel de otro viejo amigo, Joe Pesci.

“Queríamos que hiciese la película. Le insistí mucho. ‘Venga, probablemente sea la última vez que trabajemos todos juntos’. Él adora a Marty, y a mí me tiene mucho cariño, así que al final se animó”, recuerda De Niro cuando lo entrevistamos en Londres. Para los que estéis pensando en Pesci desquitándose a puñaladas con un bolígrafo, podéis rebajar las expectativas. Scorsese no quería que interpretase al gangster de sus películas anteriores, maniaco y brutal, sino a esta versión de mafioso con buenos modales y mucha más paciencia.

Una vez convencido, faltaba fichar al perfecto Jimmy Hoffa, que para todos los involucrados en el proyecto era Al Pacino. Por extraño que pueda parecer, Pacino nunca había trabajado con Scorsese y lo estaba deseando. “Casi había desistido”, confiesa en Londres sentado junto a De Niro, con el que sí había coincidido en El padrino II, Heat y Asesinato justo. “La figura de Jimmy Hoffa, que yo conocía de niño, de verlo en las noticias, me llamaba mucho la atención –explica sobre el líder sindical más famoso de EE UU–. Tenía una imagen de él como alguien oscuro pero también de alguien que ayudaba a la gente. Por ejemplo, al investigar el periodo en el que estuvo en la cárcel descubrí que se convirtió en un reformador, inició una especie de movimiento al ver cómo trataban a la gente allí”.

Para escribir el guion, Scorsese tiró de su antiguo colaborador Steven Zaillian, con quien ya había trabajado en Gangs of New York. Junto a Brandt abordaron la mayor dificultad de su libro, recorrer los más de 50 años en los que transcurría la historia de Sheeran, estructurando la acción en tres tiempos: el presente en el que Sheeran nos habla desde un geriátrico, el viaje por carretera de Sheeran y Bufalino en los 70 y sus relaciones con Jimmy Hoffa en las décadas anteriores.

No era el único viejo conocido con el que Scorsese quiso contar en El irlandés. Además de Harvey Keitel, que da vida a Angelo Bufalino, Bobby Cannavale, Ray Romano (Vinyl), Stephen Graham (Gangs of New York, Boardwalk Empire), Stephanie Kurtzuba (El lobo de Wall Street), Aleksa Palladino (Boardwalk Empire) o Welker White (Uno de los nuestros) repiten con el director. Anna Paquin (El piano) se incorpora a la famiglia Scorsese interpretando a la hija de Frank Sheeran, un personaje pequeño pero fundamental, pues introduce por primera vez en la filmografía gangsteril del italoamericano una mirada moral y distanciada sobre los oscuros negocios del crimen organizado.

“Aunque parece un regreso a los filmes de la Mafia de Scorsese, El irlandés difiere bastante de aquellas estilísticamente”, explica Rodrigo Prieto, director de fotografía. Según el mexicano, el acercamiento a El irlandés siempre fue directo, con un lenguaje visual sin florituras. “Por ejemplo, en la presentación de Sheeran como repartidor queríamos transmitir su seriedad y rectitud y evitamos los ángulos oblicuos apostando por los encuadres rectos”, recuerda sobre el trabajo con Scorsese, específico y detallista hasta el último plano.

Pero si algo complicó las cosas del director de fotografía en esta nueva colaboración fueron las técnicas de rejuvenecimiento a las que fueron sometidos los actores para cubrir los 50 años de vida de Sheeran. “Todo el equipo de fotografía tuvo que investigar cómo integrar esta tecnología para que la cámara de ‘Marty’ se moviese como él quisiese y para que no se notase la diferencia entre las secuencias en las que salían rejuvenecidos y en las que no”. Ese paso de los años también lo transmite el tratamiento del color de El irlandés, inspirado en  emulsiones de películas como Kodachrome o Ektachrome.

Eternamente jóvenes (con CGI)
“¿Qué pasará cuando se domine a la perfección esta tecnología?”,
se pregunta con cautela Robert De Niro cuando lo entrevistamos en Londres. “Nos rejuvenecerán y luego vendrán muchas más cosas”, reflexiona sobre los vacíos legales que acompañarán al rejuvenecimiento digital de los actores.

Para Martin Scorsese, que quería que sus actores habituales interpretasen a los protagonistas de El irlandés de jóvenes a octogenarios, no había otra alternativa que usar el CGI de rejuvenecimiento. “La primera vez que hablé con ‘Marty’ sobre la película le expliqué lo difícil que sería rejuvenecer a los actores 20 o 30 años”, explica Pablo Helman, supervisor de efectos visuales en Industrial Light & Magic, la empresa que en su día puso en órbita los efectos especiales de Star Wars.

“Marty’ tenía sus dudas y me dijo: ‘De una cosa estoy seguro. Bob es un actor de actores. Pacino y Pesci, también. No va a haber manera de ponerles un casco y unos marcadores para la captura de movimiento”, recuerda Helman, que tuvo que crear una nueva tecnología con la que capturar las interpretaciones de los actores y trasladarlas a sus versiones jóvenes generadas por ordenador en 3D.

Pero más allá de los rostros estaban los movimientos. “Nos ayudó un coach que nos mantenía rectos cuando teníamos que estarlo y nos hacía levantarnos de la silla o bajar las escaleras ágilmente como si fuésemos jóvenes”, recuerda De Niro.

Un evento desde el sofá de tu casa
Aunque parece pensada y diseñada como el resto de películas de su filmografía, es decir, para ser vista en pantalla grande (aquí puedes consultar en cuáles), mucha gente verá El irlandés desde el sofá de su casa. “Esta película no se habría hecho sin Netflix. Sin embargo, yo creo que ver una película en el cine no tiene nada que ver con verla en la televisión, es otra experiencia”, explica Pacino, a quien Tarantino convirtió en activista de la pantalla grande cuando le proyectó Espantapájaros en su cine de Los Ángeles. Pacino está en lo cierto cuando dice que sin Netflix El irlandés nunca hubiese visto la luz. Aunque los primeros pasos se dieron con Paramount en 2007, el estudio no tardó en bajarse de la moto, tal vez porque recuperar su presupuesto de más de 140 millones de dólares les pareció pelín arriesgado.

Al fin y al cabo, ¿cuántos de esos chavales que llenan las salas de cine –o de “no cine”, según el director– cuando se estrenan las películas de Marvel pueden sentir curiosidad por ese tal Jimmy Hoffa al que supuestamente mató Sheeran? “Realmente, ¿quién sabe lo que pasó? Esta es una versión de los hechos, por decirlo de alguna manera. La única verdad está en las relaciones entre los personajes”, explica Scorsese quien, por otra parte, se cuida muy bien de explicar en El irlandés quién es Hoffa para millennialls, centennials, etc.

Por otro lado, cinéfilos y fans de Scorsese no pueden disimular su impaciencia. El irlandés, la reunión de ‘Marty’ con sus secuaces Pesci y De Niro, sumada a la prestancia de Pacino, han convertido el estreno de la película en un auténtico evento. “Supongo que es la combinación de todos estos años que han pasado y de volver a reunir al equipo”, se encoge de hombros De Niro, parco en palabras como es habitual en él. Tal vez sea eso y volver a ver una historia de gangsters contada por Scorsese con sus fidelidades masculinas, sus traiciones, sus planos secuencia, sus hitazos y sus frases tan gloriosas como aquella de Ray Liotta en Uno de los nuestros: “Desde que tuve uso de razón quise ser un gangster”.

No obstante, el director advierte: “El irlandés es una película reflexiva, la película de unos personajes maduros, una pieza de cámara. Tiene acción, emoción y todo lo demás, pero también el ritmo de cómo pensamos cuando miramos hacia atrás”. El actor Stephen Graham coincide con Scorsese: “Si piensas en el personaje de De Niro en Malas calles, el retrato que hace ‘Marty’ es magnífico pero también vibrante y peligroso. Si comparas esa interpretación con la de De Niro en El irlandés enseguida te das cuenta de lo calmada y serena que es. De uno a otro personaje hay una vida entera. Esta es una película mucho más madura, aunque Malas calles era un recuento de esa gente igual de honesto. Ambas provienen de ese lugar, pero con ese viaje vital y cinematográfico en medio”. ¿Lo ve de la misma manera el propio De Niro? Con cara de pocos amigos, sin darle mucha importancia a lo que está diciendo, nos mira y dice: “Al final, es una historia sobre la muerte y el final de la vida”.

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