‘The Rocky Horror Picture Show’: 40 años en plan travesti

El musical más descocado y transilvano cumple cuatro décadas, pero se conserva como nuevo. Aquí le rendimos homenaje con anécdotas y curiosidades.

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13 de agosto de 2015

¿La película de culto definitiva? ¿Un bodrio al que la gente va porque te dejan hacer el cafre durante la proyección? ¿La responsable de que, cuando alguien menciona a Tim Curry, pensemos automáticamente en un corsé y un liguero -o en El Informal, pero esa es otra-? Cualquiera sabe, pero el caso es que The Rocky Horror Picture Show cumple mañana la friolera de 40 años. Han pasado cuatro décadas desde que el director Jim Sharman y el guionista y actor Richard O’Brien llevaron al cine el musical que este último había compuesto y estrenado en 1973. Si olvidáramos dicha efeméride no tendríamos perdón del profesor Frank’N’Further, así que te recordamos las lecciones que aprendimos de los aliens del planeta Transexualia.

Vive la fiesta por la noche

La calidad fílmica de The Rocky Horror Picture Show fue bastante discutida en su momento: el maestro Roger Ebert, sin ir más lejos, la calificó como “un fenómeno social más que una película” y solía recordar que, pese al éxito del musical, la cinta había sido un fracaso de taquilla durante sus primeras semanas. ¿Por qué, pues, acabó cosechando tal cantidad de fans? Pues porque fue uno de los primeros filmes en aprovechar el potencial comercial de las sesiones golfas. Fijándose en el éxito obtenido por John Waters con Pink Flamingos, los ejecutivos de Warner Bros. aprendieron que, si bien la película podía no tener mucho tirón entre el público generalista, era material de primera para los espectadores más fiesteros que acudían a las salas pasada la medianoche. Así el 1 de abril (el equivalente anglosajón al día de los Inocentes) de 1976, The Rocky Horror Picture Show debutó en el Waverly Theater, un cine de arte y ensayo del Greenwich Village neoyorquino en cuya cartelera aguantó durante dos años. Y de ahí, a la leyenda…

Cópiales el maquillaje a los maestros

Si el personaje de Frank’N’Further te recuerda a David Bowie y a Mick Jagger, no es por casualidad: para dotar a Tim Curry de un look a la altura de ese personaje tan glam, Jim Sharman y Richard O’Brien recurrieron a los servicios del estilista y maquillador Pierre LaRoche, entre cuyos antiguos clientes se contaban el autor de Space Oddity y el cantante de los Rolling Stones (quien, por cierto, se presentó voluntario para el papel pero fue rechazado). En la producción también intervino el fotógrafo Mick Rock, legendario retratista de la música popular y autor de múltiples instantáneas de Bowie, Jagger y otros mitos como Queen, los Sex Pistols Roxy Music. Con semejantes mimbres, lo raro hubiese sido que Magenta, Columbia y compañía saliesen discretas.

Aprende el valor de lo ‘vintage’

Richard O’Brien (quien, por cierto, actúa en la película interpretando a Riff Raff) conocía a fondo las virtudes del ahorro: no en vano había escrito su show “para no aburrirse” cuando era un joven actor en paro, y había dirigido unas primeras representaciones extremadamente cutres (pero exitosas) en las que los actores se vestían y maquillaban por su cuenta. Por eso, y porque The Rocky Horror Picture Show no deja de ser un homenaje paródico al terror añejo, la película echó mano de uno de los trucos más acrisolados cuando se trata de hacer cine por cuatro perrasreciclar decorados y atrezo de otras películas, muchas de ellas procedentes del catálogo de la Hammer Film. Sin ir más lejos, la cubeta en la que Frank’N’Further crea a Rocky (Peter Hinwood), su monstruo cachas, fue usada antes por Peter Cushing en The Revenge of Frankenstein (1958), y la mansión (cuyo nombre real es Oakley House) alojó en su día al propio Cushing, Christopher Lee, Herbert Lom y otros titanes del horror británico.

Combina las canciones con los sustos

Dadas las raíces terroríficas de su historia, Richard O’Brien no perdió ocasión para poner de los nervios a sus actores, especialmente a Susan Sarandon y a Barry Bostwick, la inocente pareja atrapada en la mansión. El colmo de estas prácticas llegó con la escena en la que Frank’N’Further desvela el cadáver de Eddie (Meat Loaf): sólo Tim Curry, Richard O’Brien y el propio Loaf (quien, al fin y al cabo, tenía que hacerse el muerto) conocían el intríngulis de aquella toma, y los gritos del resto del reparto cuando el doctor levanta el mantel son reales. Aun a riesgo de ser malpensados, lo mismo Ridley Scott tomó nota de esto cuando rodó la mítica escena del revientapechos en Alien… Ahora bien: el mayor susto de todos se lo llevó la pobre Sarandon, quien (pese a negarse a rodar desnuda el número Touch-A Touch-A Touch Me) sufrió una neumonía por culpa de aquellos decorados sin calefacción. No nos extraña que, a día de hoy, recordar la película no le haga demasiada gracia.

¡Baila el Salto Temporal!

Sin duda, uno de los números musicales más memorables del Rocky Horror es el Time Warp, esa canción que nos deja claro desde el principio que lo que vamos a ver es un desmadre supino. A fin de fomentar la elegancia y los buenos modales en nuestros lectores, te recordamos cómo se baila esta danza extraterrestre: primero, da un salto a la izquierda, y después un paso a la derecha. Acto seguido, pon las manos en las caderas y junta las rodillas. Pero recuerda que es el movimiento pélvico lo que realmente te hace volverte loco y querer bailar otra vez. Pruébalo la próxima vez que asistas a una boda o un bautizo: el éxito está asegurado.

Dale besitos a Spielberg


The Rocky Horror Picture Show – 20th Century Fox por Columbia-Pictures

Empezando por sus títulos de crédito, donde suena la preciosa Science Fiction Double Feature, la imagen más representativa de esta película son esos labios (rojos, pintadísimos y muy procaces) que corresponden, bien a la actriz Patricia Quinn (en el filme), bien a la modelo Lorelei Shark (en el póster). El icono, inspirado en una obra del surrealista Man Ray, fue aprovechado en el cartel del filme para darle una colleja a cierto director joven que acababa de reventar las taquillas: el eslogan de The Rocky Horror Picture Show fue “A different set of Jaws”, algo que se traduce como “Un par de mandíbulas diferentes”… pero que también nos recuerda que Jaws es el título original de Tiburón. Ignoramos si, al captar el guiño, Steven fue a un pase del filme. En mallas y taconazo, por supuesto.

Aprende las normas

Si bien con etiqueta se llega a cualquier parte, hay que admitir que el protocolo en un pase del Rocky Horror Picture Show es complicado con ganas: necesitarás arroz para tirarlo en la boda de Brad y Janet, una pistola de agua para remojar a tus vecinos de asiento cuando la pareja camina bajo la lluvia, una linterna (para agitarla cuando se canta There Is a Light), guantes de goma (para ponértelos, imitando a Frank’N’Further, durante la creación de Rocky) y los míticos rollos de papel higiénico que los fans anglosajones tiran al aire cuando Brad grita “Great Scott!”, entre otros adminículos. Afortunadamente, muchos cines donde se proyecta la película proporcionan kits a los espectadores para que puedan cumplir con el ritual. Un ritual que, por cierto, ha tenido sus imitadores: durante las sesiones de The Room (la desastrosa película de Tommy Wiseau que pudimos ver en España hace poco) se organizan saraos muy parecidos.

Desconfía de las secuelas

Pocos lo saben, pero The Rocky Horror Picture Show tiene una secuela que muchos preferirían olvidar, empezando por el propio Richard O’Brien. Su título es Shock Treatment, se estrenó en 1981 y en ella asistimos a las andanzas de Brad y Janet (Jessica Harper -Suspiria- Cliff De Young), ya recuperados de su ordalía y viviendo apacibles vidas de clase media hasta que un productor televisivo compra su barrio para convertirlo en un reality show gigantesco. Afectada por una huelga de actores, y sin ningún miembro del reparto original, la película fue un fracaso, pero O’Brien no desistió y escribió el guion de una tercera parte, Revenge of the Old Queen, que nunca ha conseguido llevar al cine. Él mismo reconoce que, seguramente, la película nunca se llevará a cabo.

Y recuerda: cualquiera puede hacerlo

Por mucho que se resintieran del encasillamiento, The Rocky Horror Picture Show fue la plataforma mediante la cual Susan Sarandon, Meat Loaf (entonces, un actor de musicales) y, por supuesto, Tim Curry, saltaron al estrellato. Pero, siendo como es un clásico de los grupos de teatro amateur en todo el mundo, el musical ha supuesto un entrenamiento para muchas otras primeras figuras… incluyendo una tan machota y tan hetero como Russell Crowe. El vídeo de arriba, en el que el futuro Gladiator se deja manosear por Frank’N’Further en su doble papel de Eddie y el Doctor Scott, se clavará en tus retinas para siempre.

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