El teatro vuelve a la cartelera

Aprovechando el estreno de 'La llamada' repasamos las obras teatrales que han dado el salto a la gran pantalla en los últimos años. ¿Podemos hablar de boom? Foto: Jacobo Medrano

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02 de octubre de 2017

La escalera del teatro Lara (Corredera Baja de San Pablo, 15), en Madrid, es tan responsable de que La llamada haya llegado al cine como sus autores, Javier Ambrossi y Javier Calvo. Hace cuatro años que los ‘Javis’ –apelativo que adoptaron como pareja creativa y sentimental– dejaron atrás la actuación para inventar sus propias historias. El éxito de la obra que habían estrenado en Microteatro (Loreto y Chicote, 9) les animó a presentar un proyecto en el Lara, donde tenían una amiga acomodadora que les pasó el mail de Antonio Fuentes, el director. “Nunca contestaban pero yo seguía escribiéndoles –recuerda Javier Ambrossi cuando le entrevistamos en el propio teatro–. Lo veía claro. Al final conseguimos quedar con el director y que nos dejase el hall dos días”. El resultado de aquella apuesta lo conoce todo el mundo: cuatro años en activo, más de 300.000 espectadores, una legión de fans conocida como los ‘llamaders’, premios por doquier, representaciones en más de 30 ciudades, próximos estrenos en Argentina y Colombia y una película que llega a la cartelera este mes. Y todo por una escalera.

“Maca [Macarena García, actriz de Blancanieves y hermana de Javier Ambrossi] nos había pedido que escribiésemos un papel para ella”, cuenta Javi Calvo. “Teníamos una idea sobre un profesor y una alumna, una historia con dos personajes adecuada al espacio que nos habían cedido –sigue Ambrossi–. Pero en cuanto llegamos al hall del teatro y vimos la escalera, pensamos que uno de los personajes tenía que bajar cantando y bailando por ella”. Así nació La llamada, historia de una adolescente que cambia el electro latino por la religión cuando se le aparece Dios. Bajando por una escalera, claro. Y cantando nada menos que Whitney Houston.

“Por un lado, yo quería contar una historia en un campamento de verano con una trama lésbica. Y tú querías hablar de religión”, le dice Javi Calvo a Ambrossi, cuya educación religiosa –él y su hermana estudiaron en un colegio del Opus Dei– está muy presente en la obra y en la película. “Yo he tratado con mucha gente sensible, inteligente, que en su día a día no te miente, y a la que conoces y quieres, que me decía que hablaba con Dios. Lo estoy diciendo sin juzgar, desde la fascinación”, explica el director. “A mí, que no he tenido ninguna educación religiosa, todo esto me parecía muy pop. Las vírgenes, Madonna, Whitney Houston… Un poco Jesucristo Superstar”, añade Calvo. Porque La llamada es de todo menos un sermón. Protagonizada en sus orígenes –y en la película– por Macarena García, Belén Cuesta, Anna Castillo y Gracia Olayo, la ópera prima de los ‘Javis’ es un musical underground en la línea de Hedwig and the Angry Inch o The Rocky Horror Picture Show, película que como La llamada empezó en el off de un teatro.

Los ‘llamaders’ son, según Ambrossi, “los que han transformado la obra en película, los que nos han convertido en autores”. Su fidelidad –una espectadora con cameo en el filme vio la obra hasta 200 veces– ha permitido que La llamada haya estado cuatro años en cartel y que numerosos inversores y productores se hayan acercado a verla. Entre ellos, Enrique López Lavigne, responsable de títulos como Verónica, Oro o Quién te cantará, próximo proyecto de Carlos Vermut, quien creyó que la obra de los ‘Javis’ podía convertirse en película. Un sistema este, el del teatro como campo de pruebas antes de dar el salto al cine, que no solo ha beneficiado al musical que nos ocupa. Bien lo sabe Peris Romano, autor de Los miércoles no existen (2015), una historia que escribió en forma de guion pero que tuvo que adaptar al teatro por falta de financiación. Fue su trayectoria en las tablas, más de tres años, fans y repartos rotatorios, lo que terminó convirtiéndola en una película en 2015. Una mentalidad parecida tuvieron Miguel del Arco y sus actores del teatro Kamikaze, recientemente galardonados con el Premio Nacional de Teatro. Se conformaron con el escenario y algunos cortos (Palos de ciego amor, La envidia del ejército nipón…) hasta poder rodar su primera película, Las furias (2016). “En cualquier caso, mi profesión es contar historias. Saltar de un formato a otro es algo que hago desde que tengo uso de razón. El cine me apasiona y cuando surgió la posibilidad de hacer mi primera película no lo dudé”, nos contaba Miguel del Arco durante el rodaje de la película.

Viejos amigos, el teatro y el cine español se daban la espalda desde hace mucho tiempo. “En los años 50 cualquier obra popular tenía su película. Dramaturgos como Jardiel Poncela, López Rubio o Edgar Neville pertenecían a una generación muy cinematográfica que saltaba del teatro al cine con naturalidad. De hecho, trabajaron en Hollywood, donde fueron contratados para hacer segundas versiones en castellano –nos cuenta José Luis Romo, periodista de teatro en El Mundo– y de allí se trajeron esa pasión por el cine. En los 60, por alguna razón, dejaron de adaptarse obras del teatro al cine. Buero Vallejo, por ejemplo, que es como nuestro Arthur Miller, tiene muy pocas adaptaciones. Quizás porque, en aquellos años, ese lugar lo ocupaba Estudio 1, la televisión”.

Para poner fin a la sequía llegó la crisis. El dinero escaseaba pero el talento seguía ahí, así que muchos directores de vocación empezaron a mirar al teatro como una puesta en escena más asequible. Fue el caso de B, película autofinanciada en Verkami que consiguió tres nominaciones a los Goya en 2016, incluida una para su director, David Ilundain, al mejor guion adaptado. Efectivamente, aquella obra sobre la declaración de Luis Bárcenas ante el juez Ruz, interpretada por Pedro Casablanc y Manolo Solo en el Teatro del Barrio, había sido escrita por Jordi Casanovas y Alberto San Juan.

La punta del iceberg (2016), representada en La Abadía, o las catalanas La pols (2015) o El rey tuerto (2016) son más ejemplos de cómo se ha revitalizado la relación entre el teatro y el cine español en los últimos años. Y qué duda cabe de que lo seguirá haciendo. Las heridas del viento, representada en el Lara los lunes –día de descanso de los teatros–, será la primera adaptación de esta nueva tanda teatral que veremos en pantalla. El 8 de noviembre el Festival de Sevilla proyectará su versión cinematográfica a la par que premia a su actriz protagonista Kiti Manver y luego pasará a salas en el último cuatrimestre de 2017. “Es una película muy experimental, en el sentido de que juega con el pasado teatral de la película. Hay una apuesta muy clara, muy desnuda, no llegamos al extremo de Dogville ni al de La venus de las pieles, pero es una mezcla de las dos, en el sentido de que el teatro es un escenario, pero a la vez ese teatro forma parte de la poética de la historia”, cuenta Bernabé Rico, productor de la película ideada a la par que la obra, rodada en cinemascope, blanco y negro y con un look de filme italiano de los 60 que ya estaba en la esencia del original.

Hace ya un par de años que Fernando González Molina se enamoró de La piedra oscura, la exitosa obra de Alberto Conejero sobre el último amor de Lorca. Desde entonces, el director de Palmeras en la nieve no ha abandonado su empeño de llevarla al cine. “Fui al teatro y vi clarísimo que ahí había una película”, nos cuenta el director sobre la ganadora del premio Max que espera rodar el año que viene o, como tarde, en 2019. “Pero también me sucedió con La llamada, vi que había una película clara en la obra porque el planteamiento ya era muy cinematográfico en su origen, ten en cuenta que los Javis eran actores antes de escribir y dirigir la obra”.

La desconocida es otra de las representaciones teatrales que podremos ver en cines en un futuro próximo. Pablo Maqueda (Manic Pixie Dream Girl, #RealMovie) adaptará Grooming, obra del Premio Nacional de Teatro Paco Bezerra sobre ciberacoso sexual a menores, interpretada en su día por Nausicaa Bonnín y Antonio de la Torre en el Teatro de La Abadía. “La primera vez que la vi supe que había dos personajes que eran una joya, un cara a cara muy potente desde el punto de vista actoral y emocional. Me impactó tanto que fui a verla varias veces”, nos cuenta el director cuyo nuevo filme, producido por Inval Producciones y Pantalla Partida, se encuentra actualmente en vías de financiación. “Ahora el teatro no está en la televisión y los directores tienen referentes cinematográficos e incluso de series y sus obras son distintas. La nueva generación de directores de teatro se parece a la nueva generación de directores de cine –nos explica José Luis Romo–. De ahí que se haya vuelto a abrir el flujo de corriente entre estas dos artes”.

La llamada está en cartel.

 

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