“Te voy a contar mi vida”: 10 directores aficionados a la autobiografía

¿Qué ocurre cuando un cineasta decide basar sus películas en sus propias experiencias? Pues, en estos 10 casos, que le salen trabajos de lo más interesante. Por YAGO GARCÍA

06 de septiembre de 2012

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  • Por lo general, a los directores de cine (y a los actores, y a los productores, y a los guionistas, y…) se les suele acusar de ser unos egocéntricos. Así pues, no debería resultarnos extraño que muchos de ellos dediquen sus esfuerzos a contarnos su vida. Mientras David Lynch sigue sacando adelante su autobiografía crowfunding, ayer mismo veíamos cómo los Monty Python se reunen para llevar a la pantalla las presuntas memorias de Graham Chapman, su miembro difunto, y esta semana llega a nuestras pantallas la estupenda The Deep Blue Sea, una de las pocas películas del británico Terence Davies sin un tema autobiográfico. Animados por esta coincidencia, recordamos aquí a esos cineastas que han basado su obra, o parte de ella, en sus propios recuerdos, desde los más indies y experimentales hasta nombres que todo cinéfilo conoce.

    Terence Davies

    Aunque su presencia actual en la cartelera se deba a The Deep Blue Sea, y a que su penúltimo filme, La casa de la alegría (2001) fuese una adaptación literaria, este director inglés debe su gran prestigio a sus trabajos autobiográficos. Los cuales empezaron bien temprano, con la colección de cortos The Terence Davies Trilogy (1976-1984) y prosiguieron con las también estupendas Voces distantes y El largo día acaba. Aparte de su arrolladora fuerza visual, todos estos filmes pueden resumirse en que ser un adolescente gay, cinéfilo y working class en el Liverpool de la posguerra era un pestiño enorme.

    Cameron Crowe

    Haber sido el redactor más joven en la plantilla de Rolling Stone durante los 70, y discípulo de Lester Bangs (el crítico de rock más grande de todos los tiempos) da para muchas anécdotas. Y, por fortuna para todos, Crowe se decidió a contárnoslas en Casi famosos. El hecho de que el dire hiciese algo de trampa, empleando nombres supuestos y manipulando las anécdotas, no engañó a nadie: está claro que el grupo Stillwater es un trasunto híbrido de The Allman Brothers Band y Led Zeppelin. Cuyo cantante, Robert Plant, sobresaltó cierto día al Sunset Strip de Los Ángeles gritando aquello de “¡Soy un dios dorado!” desde el balcón de su hotel.

    François Truffaut

    Cosas de la vida: creces en una familia muy disfuncional y te ganas unos añitos de reformatorio como delincuente prepúber. De golpe, la cinefilia te salva la vida, con lo cual (tras crearte una reputación como el crítico más venenoso de Francia) decides contar tus años golfos en una película… Y no sólo te dan el premio gordo en el Festival de Cannes, sino que además pasas a la historia como un fundador de la Nouvelle Vague. Visto lo bien que le salió la jugada con Los cuatrocientos golpes, Truffaut retomó sus memorias en imágenes y a su alter ego Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) en otros tres filmes: Besos robados, Domicilio conyugal y El amor en fuga. El resto de su obra (especialmente La noche americana y La piel dura) rebosan también con confesiones y recuerdos.

    Woody Allen

    Seguramente, crecer en una barriada pobre de Brooklyn durante la II Guerra Mundial no era algo demasiado divertido, pero amalgamando sus recuerdos de infancia con mucho sentido del humor el amigo Woody obtuvo una de sus películas más entrañables: Días de radio. Eso sí, antes de este experimento, el genio de Manhattan había perpetrado un striptease emocional en Annie Hall, contándonos el nacimiento, el apogeo y la muerte de su amorío con Diane Keaton (cuyo auténtico nombre, por cierto, es Diane Hall). Y el hecho de que una película tan venenosa como Desmontando a Harry apareciera justo después de su divorcio de Mia Farrow también da que pensar, ¿verdad?

    Federico Fellini

    Cuando una honda crisis personal le sumió en la melancolía a comienzos de los 60, el maestro italiano optó por una solución clásica: convertir ese bloqueo creativo en la historia de un director que no se anima a rodar su siguiente filme. Es decir, en 8 1/2, la película de 1963 (trufada de recuerdos infantiles) que inspiró el musical Nine. Exactamente 10 años después, y en un tono menos delirante y más melancólico, Fellini volvió por los pagos de lo autobiográfico en Amarcord, película que, entre otras cosas, proporciona una explicación a su amor por las mujeres maduras de busto generoso.

    Agnès Varda

    Llegada a la bíblica edad de 80 años, y sin ninguna intención de abandonar la cámara, la autora de obras maestras como Cléo de 5 a 7 y Los espigadores y la espigadora decidió sentarse a la vera del mar, hacer memoria y contarnos su vida. El filme resultante, Las playas de Agnès (2008) es una delicia, no sólo por la gracia de su autora y narradora, sino también por esas anécdotas sobre su matrimonio con Jacques Demy, sus tejemanejes con Truffaut, Jean-Luc Godard y Claude Chabrol, y por confesiones como aquella vez que la cineasta le tiró los tejos a un jovencísimo (y desconocidísimo) Harrison Ford cuando este aún era un pipiolo.

    Jonathan Caouette

    Ya lo decía el caballero Tristram Shandy: cuando uno se pone a contar la historia de su vida, tiene que empezar desde el principio, porque, si no, no se entiende nada. Caouette, texano de Houston, siguió ese consejo en Tarnation… Con el ‘pequeño’ detalle de que su madre es esquizofrénica, y es el anuncio de su intento de suicidio en 2003 lo que le ha motivado a realizar este documental autobiográfico. El año pasado, Caouette repitió la jugada en Walk Away Renee, filme que registra un viaje acompañando a la autora de sus días.

    Terrence Malick

    ¿Recuerdas la parte sin dinosaurios de El árbol de la vida? Sí, hombre, esa que hasta se entendía un poco… Pues es lo más parecido a una autobiografía que el hermético y reclusivo director va a entregar jamás. Porque, al igual que el personaje de Sean Penn, Malick es el hijo de un ingeniero, se crió en un pueblo de Texas y perdió muy joven a su hermano en circunstancias muy traumáticas (suicidio). Es decir, que su vida contiene aquellas partes del filme con una trama “convencional”. Eso sí, nos falta saber si, en ocasiones, el cineasta ve a los muertos paseándose por un paisaje de postal…

    Olivier Assayas y Mia Hansen-Løve

    En 1998, durante el rodaje de Finales de agosto, principios de septiembre, el director de la maratoniana Carlos (también crítico) y la futura cineasta, por entonces una veinteañera, se conocieron… Y saltaron chispas, hasta el punto de que cuando ella (ya una señora redactora de Cahiers du cinema) cumplió los 20 años, Assayas se la llevó al río tras divorciarse de Maggie Cheung. Con los años, la relación se rompió, pero la Hansen-Löve y su ex siguen siendo amigos. ¿Cómo lo sabemos? Pues porque, si ella contó la historia en Un amour de jeunesse, cambiando el cine por la escultura, él ha introducido al personaje de Lola Créton (álter ego de Mia Hansen-Løve) en Après mai, el filme que acaba de presentar en el Festival de Venecia.

    Jonas Mekas




    Los ejemplos más famosos del cine autobiográfico provienen del campo de la ficción, pero si de lo que se trata es de hallar expertos en la materia, debemos desplazarnos hasta el sector más arty del cine documental. Y, una vez en ese campo, hay que asumir que este director, crítico e historiador lituano es el maestro del género: desde que se mudó a EE UU en 1949 (con 27 años), Mekas ha desarrollado una filmografía en la cual el tema primordial es su propia vida (véase Reminiscencias de un viaje a Lituania, 1972) y sus encuentros con personajes como Andy Warhol, John Lennon o el español José Luis Guerín. Todo ello, sin dejar de ejercer una tarea como archivista y programador en filmotecas que le causó problemas legales por atreverse a exhibir filmes prohibidos. En resumen, un titán.

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