Taquilla global 2013: Hollywood triunfa, el cine español se hunde

Mientras la industria de nuestro país sigue su cuesta abajo, las productoras de EE UU aprovechan las subidas de precios para amasar sumas fabulosas. Por YAGO GARCÍA

05 de enero de 2014

Parece que nuestros buenos deseos no han servido de nada: pese al éxito de iniciativas como la Fiesta del Cine, y de propuestas alternativas como las salas autogestionadas, los resultados arrojados por el cine español al final de 2013 han ratificado las malas previsiones del primer trimestre del año. Según informa El País, factores como la subida del IVA y las descargas en internet han hecho que nuestros exhibidores recauden un total de 507 millones de euros, 107 millones menos que en 2012. Los efectos de esta curva descendente, que comenzó a inclinarse hace dos años, se aprecian mejor observando las listas anuales de taquilla: hace 12 meses, Lo imposible se proclamaba gran triunfadora del año con 39 millones de euros recaudados. Hace cinco días, por su parte, Los Croods: Una aventura prehistórica quedaba como filme más taquillero de 2013 en España habiendo amasado 13,5 millones de euros. El mismo primer puesto, sí, pero una diferencia negativa de cerca de 26,5 millones de euros, nada menos.

Vale: estos resultados son malos, y cabe pensar que los gerifaltes de la industria están pensando en cómo remediarlos. Pero para ver las cosas desde otro punto de vista no hay nada como asomarse al extranjero, y concretamente a Hollywood, donde un reciente reportaje de Variety nos pone los pelos de punta: según la veterana publicación, la taquilla global de 2013 en EE UU ha estado a punto de batir su propio récord. Pese a las previsiones más optimistas (vía The Numbers), las salas de la superpotencia atlántica no han superado los 7.900 millones de euros alcanzados en 2012, pero aún así se quedan con unos vertiginosos 7.894 millones. Lo cual no sería extraordinario (cifras aparte) salvo por un ‘pequeño’ detalle: esta suma es el fruto de un incremento histórico en el precio de las entradas.

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Evolución de la venta de entradas en EE UU 1995-2014 (fuente: The Numbers)

Apoyémonos en otro ejemplo: también según The Numbers (ver gráfico arriba), los cines estadounidenses han vendido un total de 1.320 millones de tickets en 2013. Si comparamos con el presente récord de asistencia a salas, fechado en 2002, vemos que ese año se despacharon 1.580 millones de butacas, pero el total de recaudaciones se quedó en 7.550 millones de euros (ajustados a la inflación). Una diferencia que resulta muy explicable contando con que el precio medio de una entrada de cine en Estados Unidos no ha parado de subir durante la última década. De esta manera, si hace 12 años un espectador de allá tenía que dejarse 5,3 euros (ajustados) en la taquilla, actualmente ese mismo trámite le costará 6,14 euros. 

España: precios más altos, menores ventas

El reportaje de Variety contiene otros puntos interesantes, como por ejemplo unas listas mucho más repartidas que nunca: Iron Man 3, gran triunfadora del ejercicio, se ha llevado 158 millones de euros menos que Los Vengadores en 2012. A diferencia del caso español, esto avisa de que los buenos resultados provienen más de una suma de grandes éxitos que de un solo megatriunfo. Otro dato en el que conviene fijarse es el 5% de incremento en los ingresos overseas (los que provienen de fuera de EE UU), producto del muy codiciado mercado asiático. De todos modos, y volviendo a arrimar el ascua a nuestra sardina, comentemos que el precio medio de una entrada de cine en España fue, durante 2013, de 6,70 euros. 56 céntimos más caro que en EE UU.

La cifra anterior es una estimación general, que no refleja los astronómicos incrementos derivados del tipo de proyección (efectivamente, nos referimos al 3D) o de la ciudad donde se vea la película. El máximo, según ABC manejando datos de la asociación FACUA, podría ascender a los 8 o 9 euros por sesión. Cantidades con las que el cinemaníaco medio estará familiarizado, por desgracia para su bolsillo, y que dan pie, una vez más, a reflexiones muy punzantes.

Por ejemplo, podemos comentar que la industria estadounidense se beneficia de una enorme cantidad de pantallas, de su posición casi monopolística sobre los estrenos multitudinarios y de una situación económica que, si bien puñetera, sigue siendo mejor que la nuestra. De ahí que alejar del cine al público de menor poder adquisitivo sea para ella un mal menor, al menos por ahora. En el caso español nos enfrentamos a las consecuencias de los precios elevados, la crisis que no cesa y (por último, pero tal vez más importante) de una producción propia que depende de éxitos puntuales para arrojar un buen saldo. Así las cosas, la caída en el total de entradas vendidas (de 94 millones en 2012 a 80 millones en 2013) ha sido demasiado grande como para verse compensada por los mayores precios.

Podrá decirse que comparar el estado de las cosas en EE UU con el que padecemos en España es como comparar a un gigante con un mosquito. Tal vez sea cierto, pero este informe no aspira a ser un estudio económico en profundidad. Y la suma de todos estos datos, además nos hace pensar en algo muy alarmante: si Steven Spielberg y George Lucas tienen razón, y el actual modelo hollywoodiense se colapsa en 2015, ¿qué porvenir afrontarán el cine español, y los cines españoles, en esa fecha límite? Podemos optar por no pensar en ello. O, más bien, por encontrar formas de que los gigantes no nos arrastren en su caída.

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