¿Sufres el síndrome de ‘El show de Truman’?

Si piensas que tu vida en realidad es un enorme 'reality' con cámaras ocultas y actores contratados para interactuar en tu día a día, ve pidiendo cita con el médico. Por CINEMANÍA

07 de junio de 2012

Hace unos años, los psiquiatras Joel y Ian Gold dieron el nombre de síndrome de El show de Truman a la afección de sus pacientes que pensaban que estaban siendo objeto de la grabación de un reality televisivo sobre sus vidas, tal y como le ocurre al personaje que interpreta Jim Carrey en la película de Peter Weir con guión de Andrew Niccol. Desde el estreno del filme en 1998 hasta 2006, estos psiquiatras canadienses se encontraron con cinco pacientes que sufrían esta ilusión mental y, con la eclosión de YouTube y las minicámaras en móviles, cada vez son más los casos que surgen en todo el mundo, según publicaron hace poco en un artículo para Cognitive Neuropsychiatry.

Lo leemos en Buzzfeed, donde también cuentan la historia de Nicholas Marzano, un hombre de Chicago que demandó el pasado abril a la cadena HBO por, según sus propias palabras, “grabar y retransmitir un reality de cámara oculta centrado en sus actividades diarias sin su consentimiento”. Según el demandante, el canal de cable habría instalado cámaras ocultas en su casa y coche, requerido la ayuda de la policía local y contratado actores para interpretar a abogados, agentes de la ley, médicos, amigos, familiares, vecinos, compañeros de trabajo, sus jefes e incluso sus futuros jefes, dado que Marzano asegura que HBO le impide conseguir un nuevo trabajo para que se vea forzado a permanecer en el programa.

Según los hermanos Gold (que en el enlace de arriba detallan cada uno de los casos en los que han trabajado; uno de ellos llegó a considerar que los ataques terroristas del 11-S fueron un montaje para mejorar la audiencia de su show), el tratamiento para la falsa ilusión manifestada por el síndrome de El show de Truman no difiere del de otros estados de falsa ilusión: terapia cognitivo-conductal y medicación con antipsicóticos, unida a una menor exposición a los realities de televisión (un buen consejo para todo el mundo). No obstante, ninguno de sus pacientes ha llegado tan lejos como Marzano, cuya ilusión le ha llevado a tomar acciones legales.

Aplicando estos casos al ecosistema televisivo español, una duda nos inquieta: ¿hay entre nosotros gente sufriendo el síndrome Sálvame, convencida de que vive en un contínuo debate a gritos sobre imponderables de la prensa rosa?

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