[SPOILERS] ‘Star Wars’: Así borra ‘El ascenso de Skywalker’ las ideas de ‘Los últimos Jedi’

En su colofón para la tercera trilogía galáctica, J. J. Abrams ha eliminado las consecuencias del polémico filme de Rian Johnson.

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20 de diciembre de 2019

[ATENCIÓN: este artículo contiene SPOILERS de Star Wars: El ascenso de Skywalker]

Con Star Wars: El ascenso de SkywalkerJ. J. Abrams ha regresado a la Galaxia Muy, Muy Lejana… y ha vuelto dispuesto a dejar su sello sea como sea. Porque, si algo destaca en la entrega final de esta trilogía (que aspira, recordemos, a cerrar la saga tal y como la hemos conocido hasta ahora), es en su empeño por borrar las huellas de su predecesora, la controvertida Star Wars: Los últimos Jedi

Por una parte, Abrams se ha referido a Rian Johnson como “un director con muchísimo talento”. “No creo que [El ascenso de Skywalker] hubiera sido ni de lejos lo que es ahora sin las decisiones de Ryan, así que estoy muy agradecido”, sentenció el cineasta. Así pues, nos extraña ver cómo muchos elementos de su película no solo ignoran esas decisiones a las que se refiere, sino que a veces parecen pensados para anularlas a caso hecho. ¿Habrá sido decisión del propio Abrams, o Disney habrá tenido algo que ver? Lo ignoramos, pero sí sabemos que es una realidad… y tenemos pruebas para demostrarlo.

Kylo ya no es el villano definitivo

Si bien un tanto cogido por los pelos, el prematuro final del Líder Supremo Snoke (Andy Serkis) en Los últimos Jedi tuvo un par de consecuencias interesantes. Para empezar, dio pie a una estupenda escena de esgrima, y, para seguir, proporcionó un nuevo cariz al personaje de Adam Driver: en lugar de un mero esbirro, el guerrero antes conocido como Ben Solo era un arribista con sus propias ideas sobre cómo y por qué sumir a la Galaxia en las tinieblas. ¿A dónde llevarían sus planes?

Pues, según vemos en El ascenso de Skywalker, a ninguna parte. El filme de Abrams corta de raíz el ascenso de Kylo para volver a subordinarle a una figura de autoridad, en este caso la del resucitado Palpatine (Ian McDiarmid). Lo cual, de rebote, vuelve a introducir en la historia a la orden tenebrosa de los Sith, en esta ocasión más numerosa que nunca y armada hasta los dientes. Aunque la cosa evolucione a partir de ahí (¿qué sería Star Wars sin villanos que se redimen?), siempre nos quedaremos con la intriga de un clímax con el Líder Supremo Ren ejerciendo de final boss.

Rey sí que era ‘alguien’, después de todo

Uno de los momentos más emotivos de la película de Rian Johnson era cuando se desvelaba (o eso creíamos) el origen familiar de Rey. Además de suponer un considerable tortazo para la pobre heroína de Daisy Ridley, el descubrimiento de que no era nadie ‘especial’ (en el sentido de “perteneciente a un linaje de princesas y caballeros Jedi”) llevaba también consigo un mensaje de esperanza. Porque subrayaba que, como había apuntado antes Luke Skywalker, la Fuerza no era patrimonio exclusivo de órdenes místicas o familias ilustres: aquellos capaces de usarla podían surgir de cualquier lugar.

Ahora, J. J. Abrams le da la vuelta a este concepto. Porque, como sabes si has visto el nuevo filme, resulta que Rey es nada menos que la nieta de Palpatine. ¿Se nos había dicho en algún momento de la trilogía original, o de las precuelas, o de las nuevas entregas, que el Emperador tuviese un hijo? ¿Profundiza al menos El ascenso de Skywalker en esta revelación tan importante? Nanai a ambas preguntas, pero qué importa: tu conexión con la Fuerza vuelve a estar más determinada por tu árbol genealógico que por tu talento o tu disposición a comulgar con ella. Si alguien hubiese mencionado a los midiclorianos, no nos habría extrañado lo más mínimo.

El ‘ForceTime’ sigue conectado

Hemos hablado de Rey, hemos hablado de Kylo Ren, y ahora vamos a hablar del vínculo entre ambos: esa conexión que algunos cachondos llamaron ‘ForceTime’. Al final de Los últimos Jedi, tras pasarse toda la película conversando mentalmente con Kylo, Rey decidía que no podía aguantar más sus villanías y su autocompasión. Con lo cual, en un plano muy simbólico, le daba con la puerta telepática en las narices.

Pero ahora resulta que Rey y Kylo siguen estando unidos en el tiempo y el espacio… y su conexión es más potente que nunca, además. No solo le sirve al segundo para importunar a la heroína en los peores momentos, sino que además es capaz de teletransportar piezas de artesanía a años luz de distancia. Por favor, amigos y amigas, tomad ejemplo: cuando tengáis que deshaceros de una persona tóxica, aseguraos de bloquear bien su contacto, que luego pasa lo que pasa.

Rey y Poe, nada de nada

“Soy Rey”, decía Daisy Ridley. “Lo sé”, respondía Oscar Isaac. Y los ojos de ambos (así como los de algún fan que otro) hacían chiribitas, dando a entender un futuro tórrido para el piloto bandarra y la joven padawan. Un futuro que El ascenso de Skywalker no materializa ni por asomo.

Aunque Poe y Finn se pasan una buena parte de la película echándose la mirada del tigre, lo que apunta a un posible triángulo amoroso, esto se queda en mera insinuación. Y Rey, por su parte, permanece del todo ajena al tema, porque sus afectos parecen encaminados en exclusiva hacia su Kylo de sus amores. Lo mismo habría valido la pena que la heroína hablase francamente con sus amigos sobre sus tribulaciones (“Chicos, el pibe que me gusta es un genocida interestelar”, o algo así), pero allá J. J. Abrams con sus decisiones.

Luke Skywalker se sacrificó en vano

“¿Esperas que salga a enfrentarme a toda la Primera Orden con una espada láser?”, preguntaba irónicamente el hijo de Darth Vader en Los últimos Jedi. Y, efectivamente, lo hacía: en el apoteósico final, Luke usaba todo su poder para dejar en ridículo a Kylo Ren, al general Hux y a todo su ejército, salvando de rebote a los héroes. El sacrificio le costaba la vida, pero (según el epílogo) también le convertía en una leyenda, dando pie al resurgir de la Resistencia.

¿Se nota eso en El ascenso de Skywalker? Para nada. Incluso Poe Dameron se lamenta de que la señal de auxilio lanzada por la Resistencia durante la batalla de Krait no recibió ninguna respuesta. Está visto que una demostración ciclópea del poder de la Fuerza no basta para convencer de que otra Galaxia es posible… y que los niños esclavos de Canto Bight están igual de jodidos ahora que antes.

¿Dónde está Rose?

El título de este epígrafe es un poco tramposo: por supuesto que sabemos que el personaje de Kelly Marie Tran está en el campamento base de la Resistencia. Y nuestra queja es, precisamente, que no sale de ahí. Después de que Los últimos Jedi apuntase a grandes destinos para Rose Tico, esta heroína ha desaparecido prácticamente del mapa. Su función en la trama es nula y sus líneas de diálogo (unas seis, aproximadamente) nos la muestran sin ningún tipo de capacidad resolutiva. Todo un cambio respecto del personaje que conocimos en 2017.

Para explicar este cambio, a nosotros se nos ocurren dos posibilidades. Una, que Abrams se haya tomado a Rose como una herencia no deseada de Rian Johnson. Un poco como Johnson se tomó a Snoke, para qué nos vamos a engañar. La segunda es que Disney haya decidido arrinconar al personaje debido a la antipatía que este despertó en ciertos sectores del fandom. En caso de que se trate de esto último, la decisión del estudio sería innoble con ganas e irrespetuosa con Tran: recordemos que la actriz padeció un verdadero calvario a manos de trolls de extrema derecha.

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