‘Spanish Pie’: ¿Existe el cine español para adolescentes?

Ahora que 'Promoción fantasma' nos devuelve al instituto de la mano de Raúl Arévalo, recordamos los filmes españoles más recientes que han observado la edad del acné desde la comedia, el terror o el realismo: de 'Tres metros sobre el cielo' a 'Blog'. Por YAGO GARCÍA

31 de enero de 2012

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  • La pregunta nos obsesiona desde hace mucho, no os creáis. Y cobra plena vigencia con el estreno de Promoción fantasma, una comedia cachonda de instituto en la que Raúl Arévalo, Carlos Areces y nuestro Joaquín Reyes se enfrentan a los espectrales Jaime Olías (Toledo), Anna Castillo (Doctor Mateo) y a una Aura Garrido (Ángel o demonio) muy gótica, entre otros. La cuestión es: ¿existe un cine español para adolescentes? Una mirada digamos, histórica, nos dice que casi que no. O, al menos, que no lo hubo durante muchos años. Durante el franquismo, la edad del pavo resultaba casi inexistente en el cine español, y en los 80 (así como antes se esperaba que uno pasara directamente del pantalón corto al traje de vestir) el cinéfilo ibérico debía efectuar la transición entre Las aventuras de Parchís y, pongamos, El Crack u Ópera prima a lo bruto y sin anestesia.

    Sin ir más lejos, en 1985 (el mismo año en el que John Hughes triunfaba en todo el mundo con El club de los cinco) el único director español que se atrevía con las cosas de la pubertad era el ínclito Mariano Ozores, quien daba una visión casposa del género teen con la inenarrable El rollo de septiembre. Por lo demás, en esta misma época, los cineastas de aquí sólo abordaban estos temas en comandita con otras obsesiones más de la época, como la inevitable Guerra Civil: véase el ejemplo de Fernando Trueba en El año de las luces (1986). Y en la siguiente década, salvo afortunados atrevimientos como El corazón del guerrero (la cual llegó justo en 2000), el panorama resultaba casi idéntico: ni comedias de instituto, ni primeras veces, ni borracheras primerizas, ni nada de nada.

    Pero las cosas han cambiado, y ahora que nuestra industria fílmica le ha perdido el miedo al cine de género, durante los últimos 10 años o así, hemos podido degustar muchas películas protagonizadas por personajes con acné, o al menos orientadas hacia ese público. CINEMANÍA ha realizado una selección de estos títulos, ordenándolos de los más recientes a los más veteranos (dado el tema, la juventud va por delante). A vosotros os corresponde decidir su calidad y su atractivo, pero estad seguros de que estos son los ingredientes de nuestra propia, singular e intransferible Spanish Pie.

    Verbo (2011)

    ¿De qué va? Huyendo de la gris realidad que la rodea, la joven Alba García descubre un submundo de hip hop y realidades alternativas. ¿Es la única que se da cuenta de la verdad, o la pubertad le está afectando al cerebro?

    Gravedad del acné: Rimadora. El debut largo de Eduardo Chapero Jackson, aclamado cortometrajista, fue una de las películas que más nos sorprendió el año pasado pese a su irregularidad y un guión que, a veces, se acercaba demasiado a la moralina con efectos digitales. Pese a ello, es un estupendo ejemplo de cómo el cine español puede apelar al público teen sin apelar a fórmulas sabidas, y la parte más madura de su reparto (Víctor Clavijo, Najwa Nimri y el mazas Miguel Ángel Silvestre) parecía una reunión de antiguos alumnos de la TV y el cine de los 90 y primeros dosmiles.

    Tres metros sobre el cielo (2010)

    ¿De qué va? Una niña pija (María Valverde) se enamora locamente de un malote aficionado a las carreras de motos ilegales (Mario Casas). ¿Podrá triunfar su pasión sobre las diferencias sociales? Como está basada en una novela de Federico Moccia, suponemos que sí.

    Gravedad del acné: Motorista. Exponente más triunfal de lo que el crítico Jordi Minguell denominó New Choni Cinema, Tres metros sobre el cielo acaparó titulares cuando, en su relativa modestia, resultó más rentable que un blockbuster como Tron Legacy. El rastro de taquillas reventadas que dejó este filme sólo puede compararse a los corazones rotos de las jovencitas (y algún jovencito que otro, apostamos) que salieron de la sala deseando caer en los brazos de un chaval rapao con el que protagonizar abrazos espectaculares en discotecas abarrotadas. De su superficialidad de novela rosa, mejor hablamos otro día.

    El diario de Carlota (2010) 




    ¿De qué va? Cual si de una Bridget Jones adolescente se tratase, la chica del título (Gemma Lienas) se debate entre el chico perfecto y el malote deportista, mientras sus padres se divorcian y su panda de amigas vive peripecias de todo tipo.

    Gravedad del acné: A medio gas. Como dicen (o decían) en los boletines de notas, El diario de Carlota sacó un “N. M.”. Es decir: “necesita mejorar”. Basada en la novela homónima de Gemma Llienas, y con las pertinentes estrellas televisivas (David Castillo -Aída- y Maxi Iglesias, en este caso), este filme se alejaba de los tópicos sobre las drogas y el sexo fácil para apostar por la comedia amable. Pero ni su promoción tirando a nula, ni ese horrendo póster ni una realización que dejaba bastante que desear ayudaron a convertirla en un éxito.

    Blog (2010)

    ¿De qué va? Un grupo de chicas de un insti de Barcelona traman una compleja conspiración a través de las redes sociales. Su objetivo: perder la virginidad… Y algo más.

    Gravedad del acné: Gafapasta con causa. La directora Helena Trapé, salida de la siempre fecunda cantera de la ESCAC, empleó unos recursos narrativos y argumentales inéditos en esta clase de películas para contarnos una historia conmovedora, basada en un caso real (y sorprendente). A qué mentir: esa misma exquisitez pudo contribuír a alejar a Blog del público que más podría haberla disfrutado, y algunas de sus escenas, por más que veraces, parecían más el informe de un psicólogo progre que una aproximación al meollo de la edad del pavo. Su coprotagonista Anna Castillo se asoma al reparto de Promoción fantasma.

    Héroes (2010)

    ¿De qué va? En plena crisis personal, Àlex Brendemühl conoce a una chica que le recuerda los primeros años de su adolescencia, cuando el mundo parecía (vana ilusión) un lugar maravilloso.

    Gravedad del acné: Incipiente, pero adorable. Héroes apuntaba al lado más inocente de la juventud, apelando además a los rasgos de estilo más nobles de la factoría Spielberg (alguna comparación con Los Goonies se oyó por ahí), sólo que desde el realismo. Además, no trataba de subirse a ningún carro de popularidad, ni de vendernos lo mismo de siempre a golpes de rostros televisivos, sino sólo de ofrecernos una refrescante y conmovedora aventura playera. Puede que por eso su repercusión fuese tan modesta.

    E.S.O (2009)

    ¿De qué va? Una pandilla de chicos y chicas descubre, mediante la aparición de una nueva (y extraña) compañera de clase, la tenebrosa historia de su instituto.

    Gravedad del acné: Infecciosa, tirando a incurable. Con decir que las siglas del título corresponden a Entidad Sobrenatural Oculta, estaría todo dicho… Si no fuese porque la calidad de esta película, que tardó algo más de un año en estrenarse, hizo que el deslucido juego de siglas pareciera el colmo del ingenio. Puestos a hacer cábalas, suponemos que los responsables de E.S.O quisieron parir un El orfanato destinado al público púber, una maniobra cuyos resultados rayaron lo impublicable.

    Mentiras y gordas (2009) 




    ¿De qué va? Un grupo de compas entre el instituto y la facultad se enfrentan al fin de semana de sus vidas, entre raves descontroladas, drogas a tutiplén y problemas relacionados con los kilos de más.

    Gravedad del acné: Considerable, pero exagerada. A pesar de su reparto de ídolos teen (Ana De Armas, el ubicuo Mario Casas, Hugo Silva y el eterno adolescente Alejo Sauras, entre otros), el morboso guión de la ex ministra Ángeles González-Sinde puede dar ganas a cualquier padre de encerrar a sus retoños entre cuatro paredes para siempre, dados los índices de vicio y desenfreno que se contienen en él. Pese a todo, o gracias a ello, el filme de Alfonso Albacete y David Menkes (Más que amor, frenesí) arrasó en taquilla.

    Fuga de cerebros (2009)

    ¿De qué va? La transición entre la enseñanza secundaria y la universidad es siempre difícil. Más aún cuando (como el personaje de Mario Casas), tu eterno amor de adolescencia (Amaia Salamanca) se va a Oxford con una beca. ¿La solución? Seguirla hasta Inglaterra.

    Gravedad del acné: Si Mentiras y gordas apostaba por el comentario ‘social’, el filme español más taquillero de 2009 jugaba la carta contraria: el “caca, culo, pedo, pis”. Casas, de nuevo protagonista (¿es que este chico no duerme?) demostraba una insospechada amplitud de registros convirtiéndose en un pringadillo con flequillo, mientras que la protagonista de Sin tetas no hay paraíso demostraba que el título de la serie que la hizo famosa es rigurosamente cierto. El 2 de diciembre veremos su secuela, con David Hasselhoff como invitado especial.

    7 vírgenes (2005)

    ¿De qué va? Un chaval con, digamos, ciertos problemas de actitud (Juanjo Ballesta) aprovecha un permiso en el centro de menores para correrse una fiesta con sus colegas.

    Gravedad del acné: Dolorosamente real. Tras su triunfo prepúber con El Bola, Ballesta se convierte en la encarnación de ese estereotipo que más de uno conoce demasiado bien: el cani de barrio marginal (un polígono de Sevilla, o eso parece) cuyos horizontes vitales se limitan a fumar petas, emborracharse en lo que puede y le dejan y arrimarse, cuanto más mejor, a las carnes de su novia, todo ello con un tono muy distante de la comedia desvergonzada. Y que nos perdone el protagonista, pero el secundario Jesús Carroza roba la función en muchas escenas.

    School Killer (2001)

    ¿De qué va? 27 años después de que un bedel masacrara a unos alumnos bandarras de un instituto, un grupo de chavales decide hacer un botellón en el centro, con nocturnidad y alevosía. Lo que no saben es que el susodicho bedel ha regresado, y también tiene ganas de fiesta.

    Gravedad del acné: Reventona, con mucho pus y mucha sangre. Porque una revisión al género teen no estaría completa sin un slasher, y a falta de un Wes Craven patrio que nos sacara del impás, fue el veteranísimo Paul Naschy quien asumió la dura tarea de masacrar quinceañeros en esta película. También conocida como El vigilante (un título mucho más soso, dónde va a parar), School Killer se adelantó a muchas modas, como la inclusión de actores con caché en TV (Carmen Morales, Zoe Berriatua y Olivia Molina -Al salir de clase-) y en una banda sonora tirando a moderniquis. Por eso, y por su colisión de jóvenes talentos con nuestro maestro del terror, merece nuestor cariño.

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